Cuidados de Enfermeria al paciente oncologico en fase terminal. Consideraciones eticas y bioeticas
Autor: Lic. Daily Caballero Martínez | Publicado:  22/11/2007 | Etica, Bioetica. Etica medica. Etica en Enfermeria , Enfermeria , Oncologia | |
Cuidados de Enfermeria al paciente oncologico en fase terminal. Consideraciones eticas y bioeticas.3

¿Qué aspectos debemos conocer para lograrlo con éxito?

 

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Elementos del consentimiento informado.

 

El consentimiento informado debe reunir los siguientes elementos: la voluntariedad del paciente, la información del médico y la comprensión del paciente (3).

 

Voluntariedad: Se entiende que no debe existir ningún tipo de presión externa, ni influencias indebidas en ninguno de sus grados, persuasión ni manipulación, ni coerción.

 

Por información: Se refiere a que cada sujeto debe recibir la información mínima necesaria, adaptada  a su nivel de entendimiento, sobre el objetivo, procedimiento, beneficios  esperados , riesgos potenciales, incomodidades derivadas , posibles alternativas , así como el carácter voluntario de su participación, sin prisas y dejando tiempo suficiente para la toma de decisiones

 

Por comprensión: Se refiere a que el paciente haya comprendido la información proporcionada, esta depende de la capacidad del individuo para comprender.

 

Sujetos del consentimiento informado.

 

Todos los pacientes que se vayan a someter a algún proceder diagnóstico o terapéutico deben ser capaces por derecho, a decidir libremente si participan en una investigación así como a someterse a un determinado método diagnóstico o terapéutico. Cuando se menciona el término capaz, hacemos hincapié en que muchos individuos entre ellos los niños, los adultos con trastornos mentales o afecciones neurológicas ejemplo demencia ,con afectaciones de la conducta o personas que por desconocimiento de la medicina moderna tienen una capacidad limitada para dar un consentimiento suficientemente informado, en estos casos el profesional actuante (médicos) debe obtener el consentimiento por poder de su tutor  u otro representante  debidamente autorizado. Los interlocutores del médico en nuestro medio son la familia y el paciente.  Está perfectamente establecido que el primer interesado de la información y el que tiene derecho a recibirla es aquel a quien afecta más directamente, el paciente, este a su vez puede delegar ese derecho o reconocer a los que pueden compartirlo con él. Sin embargo sería una falta de realismo intentar obviar el papel de la familia ya que se trata del primer cuidador, el más directo y habitual y es lógico que participe de alguna manera en la información. (1, 2, 3).

 

Significado del consentimiento informado para la Enfermera.

 

La Enfermera al igual que el médico tiene el deber de informar, por lo que si en la relación con el paciente se establece una verdadera relación de mutua confianza, establecida en la comunicación entre ambos, existe consentimiento.  Pero además es necesario que el paciente pueda consentir y decidir sobre el tratamiento o las exploraciones a realizar, por lo que para decidir es necesario que el médico informe al paciente correctamente. Esta información adecuada puede aumentar la confianza del enfermo en el médico y la enfermera, la cual será beneficiosa para la curación .La educación del paciente para recuperar la salud es un mandato imperativo de la medicina hipocrática (1, 2, 3, 5).

 

Significado del consentimiento informado para el paciente y la familia.

 

El paciente y la familia tienen derecho a ser informado.  El consentimiento debe entenderse como un proceso gradual y verbal en el seno de la relación  médico- paciente, enfermera-paciente en virtud del cual el paciente acepta o no someterse a un proceder o investigación después que el facultativo le haya informado sobre la naturaleza, los riesgos  y beneficios que conlleva,  así como sus posibles alternativas(1,2,4).

 

No es preciso pretender suministrar toda la información en una sola conversación sino poder contar con el tiempo para que el enfermo y la familia analicen los datos que se le aportan. 

 

Este trato repetido es uno de las primeras determinantes para que crezca la sinceridad y la confianza entre el médico-enfermera, el paciente y la familia.

 

La existencia de una relación deficiente entre el médico –ENFERMERA-paciente, el no respeto a la posibilidad de elección del enfermo, la comprensión del mensaje incorrecto o la carencia de tiempo pueden conllevar a decisiones erróneas.

 

En nuestro medio lo más utilizado es que después de suministrar la debida información a los familiares o al paciente competente, se refleje la firma en la historia clínica o en un  documento acreditado con ese propósito, donde se exprese el consentimiento para participar en una investigación o ensayo terapéutico.

 

El paciente moribundo requiere de la ayuda de una persona reposada, sensata, confiable que apoya y comprende lo que ocurre y tiene la fuerza y el valor de estar ahí, con él, con la esperanza de que habrá un final para su dolor.

 

El tener piedad con el moribundo es asistirlo en su morir y su muerte, es procurarse la posibilidad de morir con dignidad, con su sufrimiento aliviado y en el máximo ejercicio posible de sus potencialidades.

 

De esta manera, el enfoque ético de los pacientes con cáncer es un proceso dinámico, que requiere discusión, continua reflexión y cambio. Muchos dilemas éticos emergen en estos tres momentos de las acciones de salud en oncología (diagnóstico, tratamiento oncoespecífico y atención paliativa) y otras actividades no escapan a la consideración de complejas imbricaciones morales. Los principios de la bioética ayudan a resolver tales dilemas.

 

Estableciendo una comparación acerca de la forma de aceptar la muerte entre la cultura de nuestro país y otras del mundo, podemos darnos cuenta que no estamos suficientemente preparados para enfrentar la muerte porque aún no tenemos una concepción clara de esta como la última etapa del ciclo de la vida, tal vez por ello el equipo integral de la atención a la familia deba proyectarse con acciones concretas que le permitan a la familia enfrentar la desaparición física de sus seres queridos.

 

A pesar de la realidad y de lo inevitable de la muerte propia y ajena, este es un hecho poco asumido por la mayoría de las personas. Hay una serie de factores que pueden ayudar en la comprensión de este fenómeno que se relacionan a continuación:

 

1. La muerte como último acto vital: se aceptamos la normalidad de todos los actos de la vida de las personas tales como el nacer, crecer y desarrollarse, el hecho de morir debería ser entendido como un acto vital normal más, el último que la persona realiza.

 

2. La muerte como acto individual: el acto de morir es individual e intransferible; si se reconoce a cada individuo como único, distinto de lo demás se debería reconocer su muerte de la misma forma.

 

3. En la concepción de la muerte y del hecho de morir intervienen factores socioculturales: Cada sociedad tiene sus propios valores, creencias, actitudes y rituales en torno a la muerte. Los valores que empiezan en nuestra sociedad actual (Juventud, salud, imagen, belleza, rentabilidad) determinan la falta de aceptación y consecuentemente, de preparación para la propia muerte. Así pues, la muerte se encuentra rodeada de un silencio significativo que impide el trabajo personal y la aceptación de uno mismo como ser mortal.

 

4. Las creencias y valores pueden determinar la visión de la muerte propia o de los demás “La existencia de una filosofía de vida o de creencias personales-religiosas o de otro tipo pueden propiciar un sentido diferente al hecho de vivir o de morir.

 

Por ejemplo la muerte puede ser conceptualizada como un paso necesario para una vida mejor, y en este sentido la muerte de un ser querido o la perspectiva de la propia puede aceptarse más fácilmente.

 

Dicen que Esculapio, el dios griego de la medicina, escribió a su propio hijo que aspiraba a ser médico: “Vivirás como a la sombra de la muerte, entre los dolores del cuerpo y los del alma…”

 

¿Es qué podemos escapar los profesionales de hoy a esta certera realidad? ¿Acaso hay justificación para que huyamos de la queja, el lamento y el llanto de nuestros pacientes y familiares?

 

No siempre hay un verdadero ajuste entre lo que el paciente necesita y pide y lo que le ofrecemos o podemos proveer. Este desajuste ha sido un infortunado, pero no inevitable, debido al desarrollo desmesurado del conocimiento de las bases biomédicas de la medicina. Como dice un apasionado defensor de la consideración personal en el cuidado del enfermo: “Olvidar la enfermedad, descuidarla a favor del tratamiento exclusivo o predominante del cortejo de manifestaciones psicológicas y sociales que la acompaña, es insensato y tan absurdo como descuidar éstas y tratar la enfermedad”

 

 

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