Aspectos generales sobre vacunacion
Autor: Lic. Zoe Alonso Díaz | Publicado:  4/08/2008 | Microbiologia y Parasitologia , Medicina Preventiva y Salud Publica | |
Aspectos generales sobre vacunacion.1

Aspectos generales sobre vacunación.

 

Lic. Zoe Alonso Díaz. Licenciada en Enfermería Prof. Instructor.

Lic. Iliane Materno Parra. Licenciada en Enfermería Prof. Instructor

Lic. Segunda Cabrera Martínez. Licenciada en Enfermería Prof. Instructor

Lic. Antonia Oneida Gómez Espinosa. Licenciada en Enfermería Prof. Instructor

MSc. Dr. Marco J. Albert Cabrera. Especialista de Primer y Segundo Grados en Medicina Interna y Medicina Familiar Profesor Auxiliar

 

Instituto Superior de Ciencias Médicas de la Habana. Facultad de Ciencias Médicas Manuel Fajardo. Policlínico Universitario Vedado.

 

Introducción

 

Los datos más antiguos que se conocen sobre la historia de la vacunación datan del siglo VII, cuando budistas indios ingerían veneno de serpiente con el fin de ser inmune a sus efectos. Eduardo Jenner, fue quien marcó una nueva etapa en la historia de la inmunización, conociéndosele mundialmente como el padre de la vacunación, sus resultados los publica en 1798 en Variolae Vaccinae, y en menos de 10 años esta vacunación se había extendido al mundo entero.

 

La vacunación se empezó a aplicar en Cuba hace justamente doscientos años, gracias al genio del ilustre médico don Tomás Romay y Chacón, entre cuyas obras fundamentales se encuentra la introducción en el país de la variolización, iniciada por él antes de la llegada a las costas cubanas de la expedición del doctor Francisco Xavier Balmis. Con el apoyo del Obispo de La Habana, por cierto figura muy adelantada para su época, monseñor Don Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa y de la Sociedad Patriótica o Sociedad Económica de Amigos del País, empezó a practicar la técnica del Vell Pox, con la cual inmunizó primero a su familia para dar el ejemplo y disminuir el temor popular.

 

En 1886 el Gobernador General designó una comisión, que integraron los doctores Diego Tamayo Figueredo, Francisco I. Vildásola González y Pedro Albarrán Domínguez, para que estudiaran la vacunación antirrábica con Louis Pasteur en París con vistas a su aplicación posterior en Cuba. La comisión trajo la vacuna y la aplicó por primera vez en la isla en el Laboratorio de la Crónica Médico Quirúrgica el 25 de abril de 1887.

 

En la primera década del siglo XX se perfeccionó en Cuba la obtención de la vacuna antitífica El doctor Horacio Ferrer, un gran experto del tema, logró convencer al doctor Mario García Lebredo, para que el doctor Alberto Recio comenzara en el Laboratorio Nacional los estudios y la producción de dicha vacuna. Estos logros culminaron con el inicio, el 9 de febrero de 1912, de una vacunación antitífica en el Ejército Nacional, dirigida por el doctor Ferrer. Ese mismo año, en el Congreso de Higiene celebrado en Washington, se hizo constar que Cuba era el único país de América Latina que había iniciado estos trabajos.

 

Poco a poco se fue así abriendo paso la inmunización en la población cubana. En realidad no se puede decir que hubo una política oficial dirigida a la protección de la población ni de la infancia, pues se vacunaban entonces sólo los que podían y había un gran por ciento de la población sin cobertura vacunal. En 1960 se inició el Programa Nacional de Vacunación y se puso en práctica un esquema ampliado y enriquecido con el tiempo, a medida que se incorporaban nuevos preparados vacunales. Este primer programa se aplicó hasta 1997 y, a partir del 1998, se inició un segundo programa aún vigente. Este ha sido el programa de epidemiología que más logros ha tenido. De las enfermedades inmunoprevenibles ya se habían erradicado del país al inicio de esta actividad el cólera en 1871, la fiebre amarilla en 1908 y la viruela en 1923.

 

La primera gran acción de este programa fue la campaña nacional de vacunación antipoliomielítica, durante la cual se vacunó a la población infantil de 0 a 14 años con una vacuna oral tipo Sabin, de fabricación soviética. Fue la primera campaña de vacunación de cobertura nacional que se realizó en Cuba, donde se puso a la población en función de ella a través de la organización de masas C.D.R. Esta primera campaña, realizada en mayo de 1962 alcanzó una cobertura de población vacunada del 85,4% de la programada. Hasta esa fecha se habían notificado 46 casos con 7 fallecidos. A partir de ese momento no se reportaron más casos en el año.

 

Otras patologías de la infancia que desde siempre afectaban a la población cubana eran el sarampión, la rubéola y la parotiditis. Al disponerse de una vacuna antiviral que protegía contra las tres enfermedades, se introdujo ésta en el esquema de vacunación y ya están erradicados el sarampión desde 1993 y la rubéola y la parotiditis desde 1995. Además, como las cohortes de mujeres en edades reproductivas ya están vacunadas, se logró erradicar desde 1989 el síndrome de rubéola congénito, y la meningoencefalitis post parotiditis, gracias a la cobertura lograda con la vacunación entre la población susceptible. Como parte de la atención integral a la mujer embarazada, ésta recibe la vacunación antitetánica, con lo que se ha logrado eliminar desde 1972 una de las formas clínicas severas de una enfermedad tan terrible y mortal como el tétanos neonatal.

 

El cumplimiento de los objetivos del Programa Nacional de Inmunización concluyó el siglo XX con un excelente trabajo, por encima de la meta estimada. Una de las estrategias principales de nuestro sistema nacional de salud es la prevención de las enfermedades infectocontagiosas por lo cual se estableció en el año 1960 el Programa Nacional de Vacunación mediante el cual se inmuniza hoy día a toda nuestra población contra 13 enfermedades con la aplicación de 11 vacunas que comienzan a aplicarse desde las primeras 24 horas de nacido hasta el fallecimiento del paciente.

 

Objetivo

 

Actualizar los requisitos fundamentales para la transportación, conservación y administración de las vacunas establecidas en el Programa Nacional de Vacunación.

 

Desarrollo

 

Las vacunas son suspensiones de microorganismos vivos, inactivados o muertos, o fracciones de ellos que al ser administrados producen inmunidad, evitando la ocurrencia de ciertas enfermedades infecciosas. Se pueden clasificar según su composición en vacunas replicativas (vivas) y vacunas no replicativas (muertas). A las condiciones de transportación de las vacunas de un lugar a otro se le denomina cadena de frío, que es el plan que se elabora con el fin de almacenar y conservar vacunas con la garantía de conservación de la eficacia de su elaboración.

 

Para lograr el objetivo de la cadena de frío debemos tener en cuenta un grupo de precauciones que son:

 

  • Sólo puede haber vacunas y sus diluyentes dentro del refrigerador, por lo que se debe utilizar un refrigerador solo para guardar las vacunas y sus diluyentes.
  • No se debe conservar vacunas en las puertas ni en las gavetas de los refrigeradores, se pierde la continuidad de la temperatura al abrirlo, cada vez que se abre el refrigerador se produce un golpe de calor que altera la temperatura de circulación del aire en el interior del equipo, de ahí la importancia de mantener los Air pacs en el congelador y en algunos casos frascos de agua.
  • Los paquetes de hielo de los termos deben estar colocados en el congelador de forma lateral.
  • Temperatura de conservación de las vacunas es de 2 a 8 grados centígrados.
  • Abrir el refrigerador 2 veces en el día (una para extraer las vacunas, y otra para guardarlas nuevamente); esta actividad debe realizarse fundamentalmente al inicio y al final del turno de trabajo de los centros de vacunación.
  • Comprobar la conservación de temperatura del refrigerador y llevar el registro diario de esta, anotando fecha, temperatura y hora las 2 veces en el día en que se abre el refrigerador.
  • No abrir el refrigerador cuando hay corte del fluido eléctrico para conservar le temperatura el mayor tiempo posible.



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924