Anestesia en un paciente diagnosticado de cavernoma protuberancial
Autor: Dr. Luis Moltó | Publicado:  27/05/2011 | Anestesiologia y Reanimacion , Neurocirugia , Articulos , Imagenes de Neurocirugia , Imagenes de Radiodiagnostico y Radioterapia , Imagenes , Casos Clinicos de Neurocirugia , Casos Clinicos de Anestesiologia y Reanimacion , Casos Clinicos | |
Anestesia en un paciente diagnosticado de cavernoma protuberancial .1

Anestesia en un paciente diagnosticado de cavernoma protuberancial

Luis Moltó (1), Cristina Rodríguez (1), Juan Fernández-Candil (1), José De Francisco (2), Susana Fernández-Galinski (3), Susana Pacreu Terradas (1)

1. Médico Adjunto Anestesiología y Reanimación. Hospital Parc de Salut Mar. Barcelona
2. Médico Adjunto Anestesiología y Reanimación. Hospital Bellvitge. Barcelona.
3. Médico Consultor Anestesiología y Reanimación. Hospital Parc de Salut Mar. Barcelona

Introducción

Los cavernomas cerebrales constituyen el 5-16% de todas las malformaciones vasculares benignas del sistema nervioso central (1). Estas malformaciones pueden evidenciarse de forma esporádica o familiar, siendo ésta última de transmisión autosómica dominante. Histológicamente aparecen como una masa de vasos irregularmente dilatados, llenos de sangre con paredes compuestas por endotelio vascular y separados por una matriz colágena sin las capas elástica ni muscular.

Entre el 70-80% tienen una localización supratentorial, el 15-20% son infratentoriales y el 5-10% raquimedulares u otras (2,3,4). A nivel supratentorial, el lóbulo más afectado es el frontal (24%), seguido del temporal (16%) y el parietal (9%). La ubicación infratentorial es relativamente rara y la mayoría de ellos se encuentran en el tronco cerebral, de los cuales el 83% se sitúan en la protuberancia anular y mesencéfalo y menos frecuentemente a nivel bulbar (4,5).

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son: crisis epilépticas (38-51%), hemorragias (11-32%) y déficit neurológicos focales por efecto de masa (12-45%) (6).

Su diagnóstico ha ido en aumento principalmente gracias a las nuevas técnicas de imagen disponibles desde hace algunas décadas, siendo la de mayor importancia y de elección la Resonancia Nuclear Magnética (RMN), por su gran sensibilidad y especificidad (7,8).

En lo que concierne a su tratamiento plantea múltiples controversias. Existe consenso en la bibliografía de que los angiomas cavernosos incidentales no deben ser intervenidos quirúrgicamente a menos que presenten clínica de hemorragia y déficits neurológicos (9) debido a que se trata de un proceso benigno (10,11,12). El riesgo de sangrado de los cavernomas hallados incidentalmente y asintomáticos es del 2%, mientras que en pacientes sintomáticos está entre 6.8-7% por paciente por año (13).

Caso clínico

Presentamos el caso de un paciente varón de 15 años sin antecedentes médicos ni quirúrgicos de interés. A raíz de un cuadro de inestabilidad de la marcha, cefalea, asimetría facial, diplopia y disestesias en extremidad superior derecha, el paciente fue diagnosticado a los 13 años de un cavernoma a nivel protuberancial de 2,1 x 2,3 x 2,6 cm. (Imagen 1 y 2). Durante dos años fue ingresado en tres ocasiones por episodios reiterados de sangrado en el cavernoma y un ligero empeoramiento clínico, por lo que se decidió programar para intervención quirúrgica. A la exploración, el paciente únicamente presentaba una ligera paresia del VI par craneal izquierdo.

Imagen 1 

anestesia_cavernoma_protuberancial/tumor_cerebral_RMN

Imagen 2 

anestesia_cavernoma_protuberancial/tumoracion_intracraneal_RMN

Técnica anestésica

En quirófano y tras monitorización estándar con ECG de cinco derivaciones, tensión arterial no invasiva y saturación de oxígeno mediante pulsioximetría, se canalizó una vía periférica de calibre 16 y se premedicó con 2 mg de midazolan endovenoso (ev). Para monitorizar la profundidad anestésica se utilizó el índice bispectral (BIS XP, Aspect Medical Systems Inc., Newton MA).

La inducción anestésica e intubación orotraqueal se realizó con propofol 2 mg/Kg, perfusión de remifentanilo a 0,3 mcg/kg/min y cistracurio 0.1 mg/kg. Posteriormente se monitorizó la presión arterial invasiva en la arteria radial izquierda, presión venosa central a través de la vena subclavia derecha y sondaje vesical para control de diuresis. La monitorización neurofisiológica incluyó: potenciales evocados motores cortico-espinales (PEM-CE), potenciales evocados motores cortico-bulbares (PEM-CB), potenciales evocados somestésicos (PES), potenciales evocados auditivos de tronco bilaterales (PEATC) y mapeo de los núcleos motores en el suelo del 4º ventrículo.

El mantenimiento anestésico se realizó con una mezcla de oxígeno/aire al 50%, perfusión de remifentanilo a 0.1-0,25 g/kg/min, perfusión de propofol a 6 mg/kg/h para mantener un BIS entre 40-60 y sin bloqueo neuromuscular por la monitorización neurofisiológica.

Con el paciente en posición prono, se realizó una craniectomía suboccipital medial y apertura de la duramadre en Y. Para conseguir la exposición del IV ventrículo, fue necesaria la disección y elevación de las amígdalas cerebelosas y una mínima partición de la parte inferior del vermis. Mediante la estimulación del suelo del IV ventrículo de forma bilateral se identificaron las fibras del nervio facial, realizando la apertura del suelo del IV ventrículo por encima del nervio facial. Así, se pudo localizar el cavernoma y resecar subtotalmente con coagulación y tracción de la lesión.

Durante la cirugía, el paciente se mantuvo estable hemodinámicamente, salvo en el momento de la manipulación de la parte inferior del cavernoma y coincidiendo con el uso de papaverina intracerebral. En este momento, el paciente presentó una bradicardia extrema (llegando a una frecuencia cardíaca menor a 30 lpm) con buena respuesta a la administración de atropina (1 mg). También presentó un episodio puntual de fibrilación auricular que revirtió espontáneamente a ritmo sinusal y que se atribuyó a la manipulación quirúrgica.

Al tratarse de una cirugía larga (9 horas) en una zona delicada, se decidió mantener al paciente intubado y en ventilación mecánica las primeras 24 horas bajo sedación con remifentanilo 0.1 g/kg/min y propofol a 1 mg/kg/h, y se monitorizó la presión intracraneal (PIC) con un sensor de PIC intraparenquimatoso (Set de PIC con sensor Parenquimal; Monitor Camino® Mod. SPM-1) al final de la intervención.

En la unidad de cuidados críticos postquirúrgicos se mantuvo hemodinámicamente estable, sin necesidad de drogas vasoactivas, con una presión de perfusión cerebral y valores de presión intracraneal (PIC) dentro de la normalidad. Se realizó una tomografía axial computerizada (TAC) craneal que mostró cambios postquirúrgicos.

A las 24 horas se extubó sin incidencias. La exploración neurológica mostró pupilas isocóricas medias reactivas, diplopia con parálisis de la mirada horizontal (probablemente secundaria a la manipulación quirúrgica del mesencéfalo) y preservación de la vertical, parálisis facial izquierda y ligeras parestesias en mano derecha. Se dio de alta a la unidad de hospitalización a las 48 horas.

El paciente se recuperó progresivamente de la cirugía presentando ligera diplopia y dificultad de la marcha. Fue valorado por neuro-oftalmología que lo diagnosticó de “Síndrome de Uno y Medio” y que cursa con paresia facial bilateral (en nuestro caso con mayor predominio del lado izquierdo). La RMN mostró cambios postquirúrgicos.

El paciente fue dado de alta del hospital a los 12 días con oftalmoplejía internuclear izquierda y parálisis facial izquierda House IV-V.

Discusión

Con la introducción de la RMN en los últimos años, se ha podido conocer la verdadera prevalencia de los cavernomas cerebrales en la población general, que oscila entre el 0.5-0.9% (14,15).



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924