¿Dar correctamente malas noticias es un factor protector en la aparicion de un duelo patologico?
Autor: María José Aguilera Moreno | Publicado:  27/08/2012 | Psicologia , Otras Especialidades , Cuidados Intensivos y Cuidados Criticos , Medicina de Urgencias , Articulos | |
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¿Dar correctamente malas noticias es un factor protector en la aparición de un duelo patológico?

Mª José Aguilera Moreno. DUE. Máster Universitario en Counseling e Intervención en Urgencias, Emergencias y Catástrofes

1. INTRODUCCIÓN:

Hace poco más de 100 años el proceso de ir muriéndose era corto y usualmente ocurría en casa después de una corta enfermedad, con el cuidado dado por la familia y los amigos. Hoy en día, en la era del protocolo y la tecnología no hay tal rapidez ni comodidad. La sociedad ha cambiado con los años y con ella el proceso de morir. Uno de los aspectos que más ha influido en el concepto que la sociedad actual tiene de la muerte es el lugar donde la gente muere. Hoy en día la muerte ha pasado de ser un proceso trágico pero entrañable a ser algo anónimo, solitario e impersonal. Inevitablemente, el duelo como tal, y la atención a las personas afligidas, también ha sufrido notables cambios a lo largo de la historia

En la sociedad actual, muchas manifestaciones de luto han perdido parcial o totalmente su significado. Aparecen cambios en dichas costumbres y manifestaciones nuevas, sobre las que conviene estar al tanto, dado que cumplen una función adaptativa, aunque evidentemente también hay rasgos que destacan especialmente por su gran relación con el duelo en la antigüedad. Todas las características que rodean al proceso del duelo han sido modificadas a lo largo de los siglos pero la esencia permanece, y en determinadas ocasiones deberíamos echar la vista hacia atrás y pensar, de la historia se aprende, y quien no cuida de ella no cuida de su futuro.

DUELO

El duelo es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar casi todos los seres humanos. En las escalas de Reajuste Social de Holmes & Rahe (1967) y de Dohrenwend, Krasnoff, Asdenasy, Y Dohrenwend (1994), la muerte del hijo/a y del cónyuge, son consideradas las situaciones más estresantes por las que pueden pasar persona. Supone un proceso más o menos largo y doloso de adaptación a la nueva situación.

El duelo son los sentimientos y emociones que se experimentan cuando unas relaciones consideradas importantes se interrumpen o terminan, (muerte, divorcio, traslado, robo, destrucción, etc.). Forma parte de una reacción adaptativa normal ante una pérdida de algo querido, teniendo significados y afrontamiento diferentes en cada individuo, por tanto el dolor, su intensidad y su duración, varían según la personalidad de cada uno, pero se pueden distinguir modelos generales que revelan la universalidad de tal experiencia.

La pérdida de una relación íntima a causa de la muerte da lugar a un conjunto de reacciones entremezcladas, que incluye: llorar, desorientación conducta y anhelo por la figura de apego perdida (Bowlby, 1993), acompañadas de síntomas fisiológicos como falta de respiración, taquicardia, sequedad de boca, sudoración, polaquiuria, trastornos digestivos y sensación de asfixia (Rando, 1986), a los que se unen en un 40% de los dolientes ataques de pánico o ansiedad durante el primer año de la pérdida (Jacobs, 1993).

FASES EN LA ELABORACIÓN DEL DUELO

Desde Lindeman (1944) que distinguía cuatro fase, hasta el momento actual, han sido múltiples los modelos planteados para un entendimiento de la pérdida y el duelo y consecuentemente las intervenciones llevadas a cabo, pero en general en el duelo se distinguen cinco fases:

Fase 1. Shock o aflicción aguda

Características: Incredulidad, confusión, inquietud, sentimientos de irrealidad, regresión e impotencia
Síntomas físicos: Sequedad de boca y mucosas, debilidad muscular, llanto, temblor incontrolable, perplejidad, trastornos del sueño, pérdida del apetito.
Aspectos psicológicos: Fenómeno egocéntrico, preocupaciones con pensamientos del muerto, distanciamiento psicológico.

Fase 2. Conciencia de la Pérdida

Características: Ansiedad de separación, conflictos, expectativas emocionales impulsivas, estés prolongado
Síntomas físicos: Añoranza, llano, cólera, culpa, frustración, vergüenza, tratarnos del sueño, temor a la muerte
Aspectos psicológicos: Irritabilidad, comportamiento de búsqueda, incredulidad y negación, sintiendo la presencia, ensoñación.

Fase 3. Conservación/ aislamiento

Características: Aislamiento, desesperación, apoyo social disminuido, desamparo, impotencia
Síntomas físicos: Debilidad, fatiga, necesidad de sueño, depresión del sistema inmune
Aspectos psicológicos: Patrón de hibernación mantenida, repaso obsesivo, trabajo de duelo, punto de retorno

Fase 4. Cicatrización

Características: Punto de retorno, asumir el control, reestructurar la identidad, abandono de roles
Síntomas físicos: Curación física, incremento de la energía, restauración del patrón de sueño y de sistema inmune.
Aspectos psicológicos: Perdonado, olvidado, búsqueda de significado, cerrando el círculo, esperanza.

Fase 5. Superación

Características: Nuevo sentido de autocompasión, acepta responsabilidades, “aprende a vivir sin”
Síntomas físicos: Revitalización, estabilidad funcional suministro del as propias necesidades físicas.
Aspectos psicológicos: Viviendo para sí mismo, reacciones de aniversario, soledad, “alargando la mano”, tiempo para el procesamiento del duelo.

Estas fases no son uniformes, el duelo presenta altibajos de ánimo intercalados, aunque en general como se muestra en el siguiente grafico, sigue un esquema en valle, alcanzando un clímax de tristeza, tras lo que sigue la recuperación. 

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Pero este proceso que lleva del desequilibro psicológico al reajuste, ha sido cuestionado, planteando Worden (1997), que es necesario identificar los factores que explican la diversidad de respuestas al duelo y la capacidad de recuperación.

Exteriorizar las emociones y el dolor es fundamental en la resolución del duelo.
El duelo se relaciona con la aparición de problemas de salud, aumentando el riesgo de ansiedad, depresión, abuso de alcohol y fármacos, así mismo aumenta el riesgo de muerte y suicidio.

Cuando el ser querido puede ser evocado dentro del contexto familiar, sin que produzca dolor, podemos considerar terminado el proceso de duelo. Dos años es la fecha más aceptada, pero hay personas que nunca lo completan, reapareciendo el dolor esporádicamente.

DUELO EN EL ANCIANO

Por su condición de personas mayores, con experiencia, creen -ellos mismos y otros- que se deben defender mejor de la angustia producida y servir de ejemplo para el entorno familiar. No obstante, varias circunstancias pueden hacer que se experimente un profundo fracaso en su rol de abuelos y padres. Las manifestaciones de la aflicción en el adulto mayor no son las mismas que en el adulto más joven. Su pena presenta características especiales:

- La respuesta emocional suele ser menor que en las personas más jóvenes.
- Tendencia a la idealización
- Presencia de mayor irritabilidad
- Aislamiento social más pronunciado
- Energía limitada para invertir el proceso
- El logro de las tareas del duelo toma más tiempo



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924