A pesar de que el conocimiento científico reemplazó al mito, estos todavía se encuentran en el inconsciente colectivo de las culturas como una marca genética social que ha ido guardando de generación en generación esta memoria arcaica. La creencia de la inmortalidad ha estado y estará presente en el pensamiento humano a pesar de que se está consciente de que la vida humana en la tierra es finita y que la misma tierra que acobija todos los seres vivos también es mortal.
Es imposible concebir lo humano por medio del pensamiento mecanicista disyuntivo que plantea nuestra humanidad de manera separada de su entorno, de la materia física y del espíritu del cual estamos constituidos. La sociedad del conocimiento en el pasado y presente siglo ha vivido bajo el reino de la racionalidad que ha presumido ser la única, pero que ha atrofiado la comprensión, la reflexión y la visión a largo plazo. Su insuficiencia para tratar los fenómenos complejos ha constituido uno de los problemas más graves para la humanidad.