Belén, ya ves que además de compartir síntomas de nuestros alocados corazones, también tenemos en común sentimientos y sensaciones que las relaciones con los profesionales de la medicina nos provocan.
Creo que esa duda que a ambos nos acuciaba y que se resume en la pregunta: ¿si no tengo nada por qué me prescriben fármacos nada inocuos?, deja entrever el espíritu crítico al que aludía en otro mensaje. Comparto totalmente contigo la opinión de que nuestra Seguridad Social no anda precisamente bien, sobre todo si no vives en una Comunidad Autónoma de las ricas (es deprimente ver la enorme diferencia que existe en la sanidad pública entre las distintas Comunidades del país), pero atender a los pacientes según protocolos rígidamente establecidos, donde ya está definido con antelación el tiempo que se le dedica al paciente, el tratamiento que debe administrársele, la duración de una posible incapacidad temporal, etc., me parece una auténtica barbaridad y un claro signo de falta de modernidad y avance en la sanidad. Y es precisamente de ahí de donde extraigo la justificación para que el paciente, aunque sea de forma autodidacta, se instruya sobre su problema de salud. Es más, como me gusta ser muy gráfico, te pondré un ejemplo sobre ello. Hace poco más de 2 años, llevamos a mi Padre a un Hospital de mi ciudad con síntomas de padecer un ictus (ya había padecido alguno leve tiempo atrás) Estuvo literalmente "tirado" en urgencias algo más de 12 horas, en una situación lamentable, hasta que decidieron derivarlo a un pequeño hospital cercano, privado y con concierto con la sanidad pública, por supuesto, en el que ingresó al última hora de la tarde. Después de darle la cena nos despedimos de él hasta el día siguiente. Por la mañana acudimos a la clínica y nos encontramos la desagradable sorpresa de que mi Padre, al que habíamos dejado la noche anterior con todas sus funciones congnitivas y motrices intactas, se encontraba ya con un síndromre de cautiverio (salvo los ojos, no podía mover nada más de su cuerpo) Aunque parezca increible el personal de planta no nos había avisado, sencillamente porque no se enteraban de nada, para ellos el paciente, de 69 años, había ingresado con un ictus y lo que veían era normal. Obviamente, exijí de inmediato la presencia del médico de guardia, una Doctora de infausto recuerdo, que "huyo" despavorida nada más verlo y esperó a que le relevara un compañero más experto para endosarle en problema. Este segundo médico, ordena de inmediato el traslado del paciente a la UCI y se atreve a hacer un diagnóstico: infarto cerebral en el tronco del encéfalo. El tratamiento no puede hacer gran cosa ya, pero a pesar de ello le empiezan a administrar, entre otras sustancias, la que cualquier obstrucción en el aparato circulatorio conlleva: un anticoagulante, por decirlo en pocas palabras. Hasta aquí todo desgraciado, pero aparentemente normal. Durante esa noche, devoré literalmente una enorme cantidad de información sobre ese tipo de dolencias, hasta el punto de caer en la cuente de que hasta ese momento y dado el tipo de pruebas de que disponía el médico para efectuar el diagóstico y prescribir el tratamiento, podía estar cometiendo un gravísimo error. Así que sin pegar un ojo me vuelvo al hospital y solicito hablar de nuevo con el galeno. Cuando se presenta le pregunto cuál es el dato que le permite descartar que el infarto cerebral sea de tipo hemorrágico, pues si así fuera el tratamiento que se estaba administrando sería fatal. El hombre es incapaz de contestar a mi pregunta y se ve obligado a llamar a una ambulancia medicalizada (una UVI ambulante, vamos) para trasladar a mi Padre de nuevo al Hospital público y realizarle lo que increiblemente no le habían hecho el día anterior: un TAC de su cerebro. En función de dicha prueba y retornado el enfermo al hospital concertado, ya tiene una alta probabilidad de acertar en el tratamiento, que lamentablemente y como ya dije, tenía escasísima utilidad dada la gravedad del paciente. El TAC descarta que exista una hemorragia y, por eliminación, se deduce que el ictus es obstructivo. Bueno, para no cansarte demasiado, sólo añado que mi Padre falléció unos días después y que al dolor lógico de su pérdida, se unió la terrible sensación de que se podía haber hecho muchísimo más para evitar ese desenlace. Pero cuando llegas a un hostital masificado, eres una persona mayor y tienes un padecimiento que no tiene fácil solución, más vale que te despidas debidamente de tus familiares y, en caso de profesar alguna religión, te encomiendes a tu Dios, porque tienes altísimas probabilidades de no salir de allí. Entenderás ahora que yo opine que los médicos son necesarios, que en general me merecen mucho respeto, pero que mi desconfianza es todavía mayor. Y como de acuerdo al dicho popular "burro cargado busca camino", no queda otra que estar informado para evitar que la medicina, ciencia desarrollada por personas, pueda convertirse en algo cuasi-divino.
La moraleja pues es: bajemos a los médicos de su pedestal sin ningún tipo de complejos, nos va en ello la vida.
Saludos cordiales,
Carlos.