Imagenes electrocardiograficas ineditas en el Infarto Miocardico Agudo
Autor: Dr. Marco J. Albert Cabrera | Publicado:  14/09/2009 | Cardiologia , Imagenes de Cardiologia | |
Imagenes electrocardiograficas ineditas en el Infarto Miocardico Agudo.1

Imágenes electrocardiográficas inéditas en el Infarto Miocárdico Agudo.

 

Albert Cabrera, Marco J. a; Pino Peña, Yaíma C. b; Rodríguez García, Marcos A. c; Flórez Prieto, Armado M. d Gil Jiménez, Yilenae; Ferras Menéndez, Greisa M. e; Martínez Hernández, Laura e;

 

Policlínico Universitario Vedado. Plaza de la Revolución, Ciudad de la Habana. Cuba

 

(a)   Master en Ciencias en Investigación en Aterosclerosis. Especialista de Primer y Segundo Grados en Medicina Interna. Especialista de Segundo Grado en Medicina General Integral. Profesor Auxiliar del ISCM-Habana.

(b)   Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral.

(c)   Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral. Residente de 3er año de Cardiología del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de Cuba (ICCCV)

(d)   Estudiante de 2º año de Ciencias Médicas.

(e)   Estudiantes de 3er año de Ciencias Médicas.

 

Resumen:

 

El electrocardiograma es una herramienta importante para el diagnóstico de la cardiopatía isquémica aguda y crónica, la cual a pesar del continuo avance de otras técnicas diagnósticas no pierde su validez por la rapidez de su realización y el bajo costo de su uso. La incidencia del infarto miocárdico agudo varía ampliamente de unas comunidades a otras, oscilando entre el 0,8 y el 7,5 por 1.000 habitantes por año; existe un claro predominio entre los varones y su mayor incidencia se presenta entre los 55 y los 65 años. No sólo es una enfermedad frecuente, sino altamente letal, cuya mortalidad durante la fase aguda se ha estimado entre el 20 y el 50%. Los cambios de la despolarización ventricular (QRS) que se producen en el infarto suelen acompañar a las anomalías de la repolarización (ST-T). Estos infartos pueden ser transmurales o subendocárdicos y presentar o no onda Q en el electrocardiograma. Desde el punto de vista histopatológico, el infarto miocárdico presenta 3 regiones bien delimitadas y a cada una de ellas le corresponde un signo electrocardiográfico específico: zona de tejido muerto, zona de tejido lesionado, zona de tejido isquémico.

 

Palabras clave: Infarto agudo del miocardio, transmural, subendocárdicos, diagnóstico topográfico, necrosis, lesión, isquemia.

 

Consideraciones

 

El corazón presenta dos arterias coronarias principales que lo nutren. La arteria coronaria izquierda está formada por el tronco de la coronaria izquierda (TCI), arteria descendente anterior (DA) y arteria circunfleja (CX) y se anastomosa con la arteria coronaria derecha (CD), para de esta forma suplir la perfusión al tejido cardiaco en caso de que se produzca un déficit agudo o crónico en la circulación en algunos de estos vasos. Cuando alguna de estas arterias se ocluye totalmente debido a la complicación de una placa de ateroma en su pared con formación de un trombo, falla el riego sanguíneo a una zona determinada del músculo cardiaco. El consiguiente débito de glucosa e hipoxia tisular trae consigo la lesión de las células cardiacas, produciéndose entonces el llamado Infarto Agudo del Miocardio (IMA), transmural o no transmural (subendocárdico).1

 

Los infartos generalmente cursan con dolor precordial intenso, retroesternal, con irradiación a miembros superior izquierdo, cuello y mandíbula, que no se alivia con nitritos, asociado a sensación de muerte inminente, ansiedad, frialdad de tegumentos y sudoración. La tensión arterial puede permanecer normal, aunque generalmente tiende a descender al igual que la intensidad de los ruidos cardiacos. Se acompaña de cambios típicos y evolutivos en el electrocardiograma (EKG) y alteraciones enzimáticas producto de la necrosis del tejido miocárdico. La presencia de signos y síntomas pulmonares apunta hacia su ubicación en el ventrículo izquierdo, mientras los signos de congestión venosa señalan una topografía ventricular derecha. 1

 

Un medio útil para el diagnóstico de los infartos es el electrocardiograma (EKG), aunque existen factores que limitan su capacidad para detectar y localizar el infarto agudo de miocardio (IMA), entre ellos la extensión de la lesión miocárdica, el tiempo de evolución del infarto, su localización, existencia de defectos de conducción, presencia de infartos previos o pericarditis agudas. Por otro lado los cambios en el segmento S-T y la onda T no siempre son muy evidentes ni 100% específicos, pues se presentan

en el curso de otras patologías como la repolarización precoz, anginas inestables, hipertrofias con sobrecargas y tras la administración de fármacos.

 

Los infartos pueden cursar con o sin onda Q y elevación o no del segmento ST en el electrocardiograma. Vale destacar que casi todos los que presentan onda Q tiene además elevación del segmento ST seguido por la inversión de la onda T, mientras que los no Q presentan depresión del segmento ST u onda T invertida. 2

 

En los infartos transmurales se eleva el segmento ST, aunque inicialmente es típica una onda T muy alta (hiperaguda), mientras que los subendocárdicos cursan con infradesnivel del segmento S-T, donde resulta imprescindible la presencia de enzimas positivas para diferenciarlo de la angina inestable. La elevación isquémica del segmento ST y las ondas T hiperagudas son el primer signo de infarto agudo del miocardio y generalmente van seguidas de un período de varias horas o días en los que se observa una inversión evolutiva de las ondas T y a veces de aparición de ondas Q en las mismas derivaciones, condicionada por la efectividad del tratamiento llevado a cabo en la fase aguda del infarto agudo de miocardio (IMA). La inversión de las ondas T puede desaparecer al cabo de varios días o semanas o persistir de forma indefinida. Por el contrario la persistencia de las ondas Q y la elevación del segmento ST varias semanas o más suelen implicar una lesión grave en la pared lesionada, generalmente aneurismática. 3

 

Histopatológicamente se presentan 3 regiones bien delimitadas, correspondiendo a cada una patrones electrocardiográficos específicos: 4

 

1.     Zona de tejido muerto (zona de necrosis): Presencia de Q profunda, generalmente con pérdida del voltaje de la onda R (decapitada), puede inscribirse una R pequeña de aspecto nítido o con empastamientos (embrionaria). Para que la onda Q tenga categoría de patológica, su profundidad debe exceder los 3 mm o el 25% de la altura de la R y su anchura debe rebasar 0,04 s. Para que Q se considere patológica en D3, su profundidad debe ser superior a 33% del voltaje de R en la misma derivación D3.

 

2.     Zona de tejido lesionado (zona de lesión): Desplazamiento de ST y punto J mayor de 1 mm en derivaciones estándares y 2 mm en derivaciones precordiales, cuyo sentido negativo (cóncavo) o positivo (convexo) está dado por la ubicación de la zona afectada, en cuestión de segundos o minutos después de la oclusión coronaria. Estos cambios suelen aparecen y desaparecen con rapidez. Una gran proporción de los infartos miocárdicos no generan ondas Q y se reflejan de forma exclusiva en el complejo ST-T.

 

3.     Zona de tejido isquémico (zona de isquemia): Inversión de la onda T que adquiere los caracteres morfológicos descritos de manera tradicional por Pardee:

 

·         Muy negativa.

·         Con ramas simétricas (casa de campaña).

·         De aspecto aguzado.

 

Puede ser permanente o desaparecer. Se establecen en cuestión de minutos a horas. Persisten durante la evolución del infarto, aún cuando han desaparecido los desplazamientos del segmento ST.



Categorías
Buscar publicaciones:



 Búsqueda Avanzada



Siga diariamente todas las novedades de PortalesMedicos.com en


  Revista Electrónica de PortalesMedicos.com

Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924