El portafolio. Herramienta de aprendizaje y de evaluacion
Autor: Dra. Ana Teresa Berríos Rivas | Publicado:  16/12/2011 | Formacion en Ciencias de la Salud , Articulos | |
El portafolio. Herramienta de aprendizaje y de evaluacion .1

El portafolio. Herramienta de aprendizaje y de evaluación

Ana Teresa Berríos Rivas

Titulación Académica: Doctora en Educación en Nova Southeastern University
Centro de Trabajo: Programa de Enfermería, Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA), Departamento de Enfermería.

Resumen

El presente documento trata de profundizar en una herramienta que en los últimos años se está dando a conocer como instrumento para la formación y para la evaluación, tanto desde la perspectiva del profesor como desde la perspectiva de los estudiantes. En este marco de actuación, el portafolio se presenta como una herramienta de amplias e interesantes posibilidades. Sin embargo en el panorama educativo, los cambios tienen una influencia evidente que generan grandes transformaciones en los procesos de enseñanza, aprendizaje y de evaluación; que de manera directa e indirecta, afecta los roles no solo del docente sino también los del estudiante.

Palabras clave: portafolio, formación, evaluación

Summary

The present document tries to deepen in a tool that in the last years is occurring to know like instrument for the formation and the evaluation, as much from the point of view of the professor as from the point of view of the students. In this frame of action, the portfolio appears like a tool of ample and interesting possibilities. Nevertheless in the educative panorama, the changes have an evident influence that they generate great transformations in the education processes, learning and of evaluation; that of direct and indirect way, it affects the rolls not only of educational but also those of the student.

Key words: portfolio, formation, evaluation

Introducción

Los cambios que se generan en el ámbito educativo obligan a mantener una actitud de constante revisión y actualización de contenidos académicos y también de metodologías de enseñanza y de evaluación. De allí que en el proceso de enseñanza y de aprendizaje, la evaluación constituya la parte más compleja y con frecuencia la menos entendida y controlada por el cuerpo docente.

Ante esta situación, la revisión de los planes de estudios plantea una serie de retos que precisan la búsqueda constante de estrategias que favorezcan un proceso de evaluación más justo, adecuado a las necesidades de los modelos de enseñanza y que evalúen apropiadamente las actuales estrategias de aprendizaje que se aplican con los estudiantes. A modo de favorecer el estar a la par con instituciones educativas de alto nivel en el mundo.

Si bien no existe ninguna técnica, modelo, estrategia o recurso de evaluación que sea perfecta, si es posible realizar la evaluación del aprendizaje de modo más adecuado a las condiciones actuales mediante la aplicación de portafolios, ya que se propone tomar muy en cuenta los estilos personales de aprendizaje y las condiciones particulares en que cada persona aprende y, por otra parte, es un recurso que tiene la notable ventaja de favorecer la autorregulación del estudiante haciéndolo cada vez más responsable e independiente.

Un poco de historia respecto al modelo didáctico

En los años sesenta en países anglosajones se dio inicio a un movimiento fundamentado en la psicología conductista que significó un gran avance en el ámbito educativo (1), constituyendo hasta hace poco la tecnología predominante en la mayoría de las instituciones de educación superior en el país.

En su momento, la psicología conductista consideró que debía centrarse en el estudio y modificación de la conducta; por ello, definió al aprendizaje como una modificación observable en la conducta y dejó de lado los procesos cognitivos por considerar que en aquella época no era posible estudiarlos a nivel del laboratorio, pero dejó así fuera de la psicología lo que es más psicológico: los procesos mentales (1).

Se dedico obsesivamente a la aplicación de conceptos, resultando lo que se llamó con cierto sentido del humor: objetivitis, donde los programas académicos eran sobresaturados y, en muchos casos, imposibles de cumplir. Asimismo, se dio gran énfasis también a la aplicación de dinámicas grupales y al empleo de recursos técnicos de apoyo como proyectores de diapositivas, retroproyector de acetatos, rotafolios, entre otros; y se empezó a señalar que el estudiante era parte importante del proceso y que éste debía centrarse en él (1).

Para este momento, se definieron tres grandes dominios del aprendizaje que fueron: a. El cognoscitivo, b. el Psicomotriz y c. el Afectivo (1). Estos elementos contribuyeron a definir en los programas académicos qué tipo de aprendizaje se proponía y qué actividades eran las más idóneas para obtenerlo. Sin embargo pese a todos los inconvenientes presentados, significó en su momento un gran avance para la unificación de criterios docentes. En consecuencia, la elaboración de programas, la definición de objetivos y contenidos, así como los criterios de evaluación, se consideraron elementos de manejo indispensable para un docente (1).

No obstante, durante las tres últimas décadas se ha configurado una nueva orientación denominada cognoscitivismo, fundamentado en la psicología cognoscitiva. Esta corriente considera de manera principal los procesos mentales (aprendizaje, memoria, razonamiento), que asociada con los aportes de la teoría de la comunicación y otras, han dado origen a la nueva corriente del constructivismo cuyos teóricos más importantes fueron Vigotsky con su teoría del constructivismo social, Piaget con su constructivismo genético y Ausubel con el constructivismo disciplinario (2).

Las ideas coincidentes de estas corrientes se centran en que el aprendizaje se logra en función de nuestras creencias y conocimientos previos, y requiere ser significativo para el aprendiz (2). En efecto, el aprendizaje es construido por el propio estudiante, obligando al docente modificar su quehacer, de modo que oriente, apoye y guíe al estudiante mediante el conocimiento, dominio y aplicación de estrategias de enseñanza, de aprendizaje y de evaluación. Es evidente que al realizar ajustes en un plan de estudios, se requiere también modificar la metodología de enseñanza y la metodología de evaluación a fin de mantener la coherencia necesaria.

Por su parte, las formas tradicionales de evaluación incluyen los exámenes orales y escritos, los estructurados, los semiestructurados y no estructurados (3). Cada uno de ellos cuenta con fortalezas y debilidades que es necesario conocer para no esperar resultados de evaluación que estos métodos no pueden ofrecer. Sin duda alguna, los criterios y estrategias de evaluación han sido muy cuestionados, pues la mayoría de estas estrategias aplicadas en los modelos tradicionales de enseñanza, enfatizan en la exploración de un aprendizaje teórico, memorístico y pasivo, que no permite resolver problemas, ni toma en cuenta cómo y cuánto ha aprendido el estudiante (4).

En consecuencia, se requiere de métodos de aprendizaje y de evaluación que permita registrar estos procesos sistemáticamente, y en los que se pueda apreciar el esfuerzo, las potencialidades y debilidades de los estudiantes en un campo específico del conocimiento.

Aprendiendo y Evaluando mediante el uso del portafolio

El uso del portafolio como eje conductor en el proceso de enseñanza, de aprendizaje y de evaluación en la educación superior, ha cobrado importancia en los últimos años. Gran número de experiencias han sido investigadas, descritas y evaluadas en diferentes escenarios educativos, los cuales han señalado resultados significativos en el desarrollo tanto de procesos meta cognitivos como de aprendizajes significativos en los estudiantes (5).

De acuerdo a Tobin un portafolio es una colección de los trabajos del estudiante, seleccionados, analizados, y ordenados por él, donde aprende a identificar sus destrezas reales y sus progresos, para autoevaluarse y valorar el grado con que alcanza sus metas y la ruta de las nuevas metas que necesita para su continuo crecimiento (6).

En palabras de Mabry es una herramienta de evaluación para que los estudiantes demuestren sus conocimientos y competencias en un área de aprendizaje (7). Por su parte, Barbera lo consideró una colección organizada de trabajos y documentos previamente seleccionados por el alumno, que reflejan su proceso y su rendimiento en relación con unos objetivos de aprendizaje y unos criterios de evaluación preestablecidos (5).

El sentido de aprendizaje del portafolio se encuentra en el proceso de justificación y reflexión que los alumnos hacen en torno a las evidencias que van colectando, en este proceso, el alumno establece la relación entre la evidencia, el aprendizaje logrado y el desarrollo de la competencia. En particular este proceso reflexivo en la conformación del portafolio permite que se le considere como una herramienta de evaluación continua y formativa (5).



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924