Episodio IV. Carcinoma de recto. Mi propio caso clinico. Como se ha curado
Autor: Dr. P. García Férriz | Publicado:  27/03/2012 | Oncologia , Articulos | |
Episodio IV. Carcinoma de recto. Mi propio caso clinico. Como se ha curado .1

Episodio IV. Carcinoma de recto. Mi propio caso clínico. Cómo se ha curado

García Férriz, P.

Nota importante

Cuantos estén interesados en conocer una mayor y ampliada información sobre la verdadera “causa de todo tipo de cáncer” les invito a que contacten con la bibliografía que en este trabajo aparece.

Gracias

Índice
Resumen-introducción. Palabras clave
Carcinoma de recto. Cómo se ha curado
Conclusión final
Anexo: neuroanatomía intestinal
Figura y fotografía
Bibliografía

Resumen-Introducción

A lo largo de todo el tiempo de investigación sobre la etiopatogenia del cáncer al que me he dedicado con irrefrenable tesón, con un entusiasmo y fe inquebrantable, mi camino ha abocado finalmente a tener que padecer yo mismo de una neoplasia de recto. Nunca temí por el final que pudiera tener. Presentía que el final sería esperanzador y punto de arranque para la consecución de nuevas y esperanzadoras expectativas.

He procurado ser rigurosamente respetuoso con la prescripción facultativa, por confiar ciegamente en la quimioterapia y radioterapia. El resto del tratamiento ha consistido en estar sometido a un especial plan alimentario y a tratar de conseguir el restablecimiento del equilibrio electroiónico, cuyo método aquí se expone.

El resultado del tratamiento ha sido que el carcinoma rectal ha desaparecido en menos de 25 días. Tres meses después, y con el mismo tratamiento, pero sin radioterapia, se vuelve a practicar la resonancia magnética y la colonoscopia. Su feliz diagnóstico ha sido inmejorable, confirmándose el resultado de la primera revisión.

Confío en aportar una nueva visión sobre un nuevo y original método de tratamiento. En este estudio trato de demostrarlo.

Palabras clave: Quimioterapia (con capecitabina), radioterapia, alimentación, agua, calcio + vitamina D, magnesio y electroimán.

Carcinoma rectal. Cómo se ha curado

Siempre he mantenido el criterio de que no es posible que un determinado cáncer sea producido por una causa distinta a los demás. Trataré de demostrar que todos los procesos tumorales tienen un origen común.

En toda investigación hay que basar todo el trabajo en unos pilares difícilmente destructibles. La verdad está siempre por encima de toda autoridad humana. Y debemos conservarla, pues sin ella no puede haber patrones objeto de la investigación ni crítica de nuestros propios conceptos, ni tanteos en lo desconocido, ni búsqueda del verdadero conocimiento.

He procurado siempre y en todo momento indagar sobre el origen inicial de todo proceso tumoral. Para ello, he creído conveniente tratar de encontrar un fuerte pilar debidamente consolidado. Y creo haberlo encontrado en el carcinoma de recto ya avanzado que he padecido. Actualmente me encuentro totalmente curado.

Todo mi esfuerzo ha consistido en dar una sólida validez al poder de la observación. Necesitaba encontrar un solo caso clínico que definiera a todos los demás cánceres, estén donde estén ubicados. Estoy viviendo un espacio de tiempo trascendental de mi propia existencia. He creído encontrar ese firme e indestructible pilar sobre el cual pueda construir y enlazar todos los eslabones posibles que encajen perfectamente en una misma cadena. Esta cadena la denomino la teoría electrobioquímica.

Durante toda mi vida, el más firme eslabón que he encontrado ha sido mi propio proceso tumoral, que ha sido eliminado totalmente ateniéndome a unas firmes convicciones y a unas ideas fuertemente arraigadas de las que nunca me he separado.

Decía Kart R. Popper: “La observación siempre es selectiva. Necesita un objeto definido, una tarea definida, un interés, un punto de vista o un problema. Y su descripción presupone un lenguaje descriptivo con palabras apropiadas. Presupone una semejanza y una clasificación, las que a su vez presuponen intereses, puntos de vista y problemas”.

Trato de abrir el ventanal que me proporcione la luz necesaria para así poder resolver los inmensos problemas que se nos plantean al intentar hallar la verdadera etiopatogenia de todo proceso tumoral, sea de tipo que fuere.

Con la total curación de la neoplasia de recto que he padecido creo haber encontrado esa ventana que me proporciona la suficiente luz y mayor claridad de ideas para intentar desentrañar todo lo escondido en esa indefinible oscuridad en la que se encuentra sumida la clave esencial de tan temible mal.

Nunca he afirmado que el trabajo de investigación que he venido realizando desde el año 1966 es el contenido de la irrebatible verdad. Me he limitado a exponer mis propias observaciones que daban paso a diversas teorías. Siguiendo la investigación con tesón creo que la teoría electrobioquímica es la que mayormente encaja con la realidad. Esta teoría está basada esencialmente en el estudio neuroanatómico y neurofisiológico. Pero de nada serviría todo este esfuerzo si no se aportan las imprescindibles pruebas. Y creo haber aportado las suficientes. Pero entre todas ellas he creído oportuno destacar el caso de mi propia enfermedad.

Como se sabe, no existen efectos sin causa. Si los efectos desaparecen es porque la causa ha quedado eliminada. En este caso concreto, las células malignas son los efectos y la causa radica en la hiperexcitabilidad de la membrana celular, tanto de la célula nerviosa como de la muscular. Esta hiperexcitabilidad lleva siempre consigo el peligroso desequilibrio electroiónico, que ha quedado comentado en los Episodios I, II y III.

He procurado en todo momento atenerme rigurosamente a la lógica de la investigación científica, es decir, no apartarme de la doctrina que marca la epistemología. He procurado que los fundamentos y métodos que he desarrollado encajen dentro del marco de la sencillez y fácil comprensión. Confío en haberlo conseguido. He tenido que salvar numerosos obstáculos para poder adentrarme en el difícil camino de la investigación, sabiendo que ninguna ciencia y ninguna técnica son posibles sin imaginación creadora.

Cuanto acabo de exponer me ha servido (así lo creo) para colaborar en la curación del cáncer de recto que he padecido. Siempre imaginé (y sigo pensándolo) que el cáncer puede ser vencido por mentes con visiones verdaderamente creativas. Pero toda creatividad siempre debe estar forjada y conducida por los cánones que exige toda investigación científica. Y más aún si se trata de vencer de forma radical a todo proceso tumoral.

Ateniéndome a estos esenciales principios, he tratado de demostrar que todos los cánceres tienen una misma
fase de iniciación: la hiperexcitabilidad de la membrana celular tanto de la célula nerviosa como de la célula muscular. Por lo tanto, para que este proceso se produzca es necesaria la presencia y acción de nuestra propia corriente eléctrica. Como lo he demostrado en anteriores trabajos; y me explico: si no hay electricidad no puede nunca producirse ningún proceso tumoral.

Si la electricidad es de poca intensidad, sí se puede producir una neoplasia, pero con mayor lentitud. La prueba efectuada con 30 ratas, de la cual fui testigo presencial, lo demuestra de forma contundente e irrebatible (10, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 21, 21). Y, finalmente, cuando la intensidad eléctrica es fuerte las células malignas aparecen antes y avanzan con mayor rapidez. En este último caso, los electrones son arrancados de la membrana celular y de la capa mielínica por la frecuencia de la radiación más que por la intensidad de la corriente (1).

Considero que ha quedado demostrado que el impulso nervioso (eléctrico) es un fenómeno de excitabilidad de la membrana celular (1) y también de las espinas dendríticas.

El estudio, la reflexión y un continuo razonamiento sobre este complicado proceso electrobioquímico, me ha inculcado y fijado una firme base. A partir de ella, y teniendo como aliada una fuerte dosis de fe, yo mismo he decidido llevarlo a la práctica para tratar de vencer al neoplasma de recto.

El resultado ya lo hemos visto: se ha derrotado totalmente a tan temible y repugnante enemigo. Y espero que no se reactive, porque el fortín que ya le tengo preparado no podrá ser invadido nuevamente. Mi defensa a ultranza será siempre la misma que he empleado para conseguir la victoria total y definitiva.



Revista Electrónica de PortalesMedicos.com. ISSN 1886-8924

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