Epicondilitis. Claves de la enfermedad y manejo
Autor: Enrique Ramón Arbués | Publicado:  11/07/2012 | Enfermeria , Traumatologia , Reumatologia , Articulos , Imagenes de Enfermeria , Imagenes de Reumatologia , Imagenes de Traumatologia , Imagenes | |
Epicondilitis. Claves de la enfermedad y manejo .1

Epicondilitis. Claves de la enfermedad y manejo

Enrique Ramón Arbués. Profesor en el Grado en Enfermería Universidad San Jorge de Zaragoza. Enfermero especialista en Obstetricia y Ginecología.
Marian Sánchez García. Enfermera.

RESUMEN

Al contrario de lo que puede parecer al escuchar el término, la epicondilitis (también llamada codo de tenista) no es una alteración de tipo inflamatorio, sino una tendinopatía eminentemente degenerativa. Es la patología del codo más frecuente, pues afecta hasta un 1-3% de la población general en algún momento de su vida.

Aunque existen diferentes pruebas complementarias que pueden ser útiles en el diagnóstico de esta patología, lo cierto es que en la práctica éste se basa fundamentalmente en la clínica (dolor en la cara lateral del codo que aumenta con los movimientos de supinación del brazo y de extensión de la muñeca contra resistencia).

Se han descrito numerosas pautas terapéuticas para el abordaje de la epicondilitis. En un primer momento debe optarse por aquellas más conservadoras, dejando para los casos más rebeldes al tratamiento la cirugía.

Palabras clave: “Codo de Tenista”, “Epidemiología”, “Condiciones Patológicas, Signos y Síntomas”, “Diagnóstico”, “Terapéutica”

CONCEPTO Y FISIOPATOLOGÍA

La epicondilitis es probablemente la alteración de partes blandas del codo más conocida. Es una entesitis (tendinitis de inserción en el hueso) de los tendones de los músculos extensores de la mano y los dedos, que se insertan a nivel del epicóndilo (1). A saber: Extensor radial largo del carpo (primer radial), Extensor radial corto del carpo (segundo radial), Extensor común de los dedos, Extensor del quinto dedo y Supinador corto.

Esta patología suele derivarse de situaciones de sobreuso agudo o de microtraumatismos repetidos. También se vincula al contexto ocupacional, laboral y deportivo.

Este proceso fue descrito por Runge en 1873, quien atribuyó los síntomas a una periostitis. Ya en 1883, Major lo denominó “codo de tenista” por su relación con la práctica de este deporte (2). En la actualidad se entiende que esta denominación no es del todo correcta ya que, aunque este proceso afecta a un porcentaje de entre el 10 y el 50% (3) de las personas que juegan regularmente al tenis, aparece mucho más frecuentemente en personas que no practican este deporte (4).

Al contrario de lo que se pueda pensar al escuchar el término, la epicondilitis no es una alteración de tipo inflamatorio sino una tendinopatía eminentemente degenerativa. Esta tendinopatía aparece tras un largo período en que las fuerzas repetidas provocan cambios estructurales en el tendón, ocasionando microrroturas de la unión musculotendinosa de los músculos que se insertan en el epicóndilo (5).

En este sentido, diversos estudios anatomopatológicos (3,6,7) han detectado alteraciones en la estructura interna del tendón apareciendo un aumento de fibroblastos y abundante colágeno desorganizado, numerosos tenocitos con diferenciación miofibroblástica (células de reparación tendinosa) e hiperplasia vascular pero no células inflamatorias.

Parece plausible pensar que tras una agresión que lesiona el tendón, el proceso reparador no se completa, ya sea por una repetición de microlesiones que impide la correcta recuperación o por una lesión aguda irreparable (8).

EPIDEMIOLOGÍA
La epicondilitis es la patología del codo más frecuente, muy por delante de la epitrocleítis (entre 5 y 8 veces más prevalente). Se estima que afecta a entre el 1 y el 3% de la población general en algún momento de su vida (9).

En la población general, la edad de aparición se sitúa entorno a los 30-50 años. La pertenencia a uno u otro sexo no determina un mayor riesgo de padecer este proceso que difícilmente se muestra de forma bilateral (10).

Lógicamente el brazo dominante es el más afectado por este proceso, al que últimamente se ha relacionado con factores otrora independientes como la obesidad o el tabaquismo (11,12).

La epicondilitis está muy relacionada con el contexto laboral y ocupacional de las personas y deriva, con relativa frecuencia, la incapacidad laboral (13). En este sentido, hay autores que han demostrado la asociación entre el trabajo manual y la epicondilitis, lo que explicaría su mayor frecuencia en ciertos profesionales, como peluqueros, carniceros, mecánicos, trabajadores manuales de la madera, albañiles, etc. Por ejemplo, se ha observado que la prevalencia de la epicondilitis en cocineros es 5 veces mayor que en la población general (10)10.

En el jugador de tenis no profesional u ocasional, la epicondilitis se produce por sobreuso de los músculos epicondíleos, que se ven implicados en la mayoría de los golpes (revés, servicio, etc.) y también por el efecto del impacto de la pelota en la raqueta que ocasiona una contracción excéntrica repetida de dichos músculos en el golpe, que provoca microrroturas fibrilares (14).

CLÍNICA

El síntoma principal de la epicondilitis es, sin duda, el dolor en la región lateral del codo con irradiación al antebrazo y que comienza de forma insidiosa. En un primer momento, el dolor es mecánico, pero a medida que se extienden los cambios patológicos (proliferación de fibroblastos, degeneración y/o rotura de colágeno fibrilar, etc) el dolor se manifiesta también en reposo (1)

Aunque el rango de movilidad del codo suele ser normal el dolor, con frecuencia, se acompaña de debilidad, sensación de pérdida de fuerza en la mano y/o dificultad para coger o cargar objetos (10). En uno de cada cinco casos de epicondilitis se detecta una epitrocleítis en el mismo codo. Este hallazgo puede explicarse por el mecanismo compensatorio de sobreuso a que es sometida la región interna del codo por dolor y debilidad en la región lateral (15).

Para evaluar a estos pacientes debe realizarse examen de la columna cervical y del hombro, ya que algunos procesos locales en estas regiones pueden producir también dolor en el codo. En todo caso, en la exploración física aparecerán los siguientes signos (16,17):

 Dolor a la palpación directa sobre el epicóndilo lateral y distalmente en la masa muscular de los extensores del antebrazo.
 La fuerza a la prensión con la mano puede estar disminuida o producir dolor en el epicóndilo.
 Maniobra de Thompson: dolor al realizar la extensión contrarresistencia de la muñeca con el puño cerrado fuertemente y con el codo en extensión completa.
 Maniobra de Mills: con el codo flexionado y pronado, el paciente intenta la supinación del antebrazo con la resistencia del explorador.
 Maniobra de Cozen: con el codo en flexión, se pide al paciente que realice una extensión de la muñeca contrarresistencia (figura 1). 

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Figura 1. Maniobra de Cozen.

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de la epicondilitis es básicamente clínico, y se realiza a través de la anamnesis y la exploración física. Las exploraciones complementarias se utilizan para confirmar el diagnóstico en caso de duda o para valorar enfermedades asociadas.

De esta forma, la radiografía simple puede poner de manifiesto procesos asociados como un engrosamiento del periostio, la presencia de microcalcificaciones a nivel del tendón común de los extensores (en el 7-20% de los casos), periostitis e incluso hiperostosis en los casos de larga evolución (figura 2).



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924