Algunos aspectos de Medicina catolica
Autor: Dr. Guillermo Murillo-Godínez | Publicado:  16/08/2012 | Etica, Bioetica. Etica medica. Etica en Enfermeria , Historia de la Medicina y la Enfermeria , Otras Especialidades , Articulos | |
Algunos aspectos de Medicina catolica .2

Da vigor a mi cuerpo y a mi espíritu, a fin de que esté siempre dispuesto a ayudar con buen ánimo al pobre y al rico, al malo y al bueno, al enemigo igual que al amigo. Haz que en el que sufre yo no vea más que al hombre. Ilumina mi mente para que reconozca lo que se presenta a mis ojos y para que sepa discernir lo que está ausente y escondido.

Que no deje de ver lo que es visible, pero no permitas que me arrogue el poder de inventar lo que no existe; pues los límites del arte de preservar la vida y la salud de Tus criaturas son tenues e indefinidos. No permitas que me distraiga: que ningún pensamiento extraño desvíe mi atención de la cabecera del enfermo o perturbe mi mente en su silenciosa deliberación, pues son grandes y complicadas las reflexiones que se necesitan para no dañar a Tus criaturas.

ÍDios Todopoderoso! Concédeme que mis pacientes tengan confianza en mí y en mi arte y sigan mis prescripciones y mi consejo. Aleja de su lado a los charlatanes y a la multitud de los parientes oficiosos y sabelotodo, gente cruel que con arrogancia echa a perder los mejores propósitos de nuestro arte y a menudo lleva a la muerte a Tus criaturas. Que los que son más sabios quieran ayudarme y me instruyan. Haz que de corazón les agradezca su guía, porque es muy extenso nuestro arte.

Llena mi alma de delicadeza y serenidad si algún colega de más años, orgulloso de su mayor experiencia, quiere desplazarme, me desprecia o se niega a enseñarme. Que eso no me haga un resentido, porque saben cosas que yo ignoro. Que no me apene su arrogancia. Porque aunque son ancianos, la edad avanzada no es dueña de las pasiones.

Haz que sea modesto en todo excepto en el deseo de conocer el arte de mi profesión. No permitas que me ataque el pensamiento de que ya sé bastante. Por el contrario, concédeme la fuerza, la alegría y la ambición de saber más cada día. Pues el arte es inacabable, y la mente del hombre siempre puede crecer. En Tu eterna Providencia, Tú me has elegido para velar sobre la vida y la salud de Tus criaturas. Estoy ahora preparado para dedicarme a los deberes de mi profesión. Apóyame, Dios Todopoderoso, en este gran trabajo para que haga bien a los hombres, pues sin Tu ayuda nada de lo que haga tendrá éxito.

Oración de Antonio Flores Montes

Señor como he de agradecerte que me hayas permitido, no preservar la vida de mis semejantes, porque la vida sólo Tú la tienes en tus manos pero sí procurar en algo su salud y bienestar físico con la asistencia de tu bondad y omnipotencia. Porque cada vez que conozco algo más el funcionar humano, cada vez te alabo por tal obra a la que, a través de un paciente me has permitido atender cuando el dolor le aqueja.

Por ello te agradezco y te pido paciencia y entendimiento para el desarrollo de ésta hermosa profesión que Tú también ejerciste durante tu paso redentor por este mundo. Por último te ruego que, si por flaqueza de mi condición humana alguna vez incurro en un delito, que éste sea totalmente ajeno a mi profesión.

Oración del médico a San Judas Tadeo

Te agradezco San Judas Tadeo, por tu bondad Infinita el haberme enseñado con tu luz Divina, el camino para poder ayudar a mis semejantes, curándoles sus heridas dolores y penas. Yo te pido San Judas Tadeo, que en sus sufrimientos y dolores, me ayudes a sanarles con tu santísima voluntad, yo te prometo que en cada uno de tus hijos enfermos, pondré toda mi dedicación y cuidado.

Te pido padre, que siempre me ilumines en el camino de mi profesión, que yo con toda fe y devoción de mi alma, seguiré adelante. Padre y Señor mío no permitas que en cada enfermo fallen mis conocimientos, ni tampoco permitas que lucre con sus enfermedades, ni sus dolores. Amén.

Oración del Médico

Dios mío.
Infunde en mí un gran amor para estudiar y practicar la Medicina. Inspírame Caridad y cariño para todos mis enfermos. No permitas en mi deseos de lucro ni vanidad ni envidia en el ejercicio de mi profesión.

Dame Paciencia para que siempre esté dispuesto al llamado del que sufre obligándome a veces hasta sacrificar mis horas más gratas de sueño, descanso o esparcimiento. Has que pueda atender con empeño al que carece de recursos y al que paga mis servicios. Que recete con igual cuidado al amigo como al enemigo, al de buena como de mala conducta y hasta al ateo que impío te niega.

Concédeme la gracia que cuando examine y recete a mis enfermos, ninguna idea ni preocupación distraiga mi mente para que mi diagnóstico y terapéutica no tenga error y pueda con tu ayuda devolver la salud de mis pacientes y conservarles la vida sí tus altos designios no determinan lo contrario; porque ya cuando tú decretas el fin, la ciencia y todo afán son inútiles. Permíteme siempre que mis enfermos confíen en mí y sigan mis prescripciones y consejos fielmente.

Que nunca haga caso de charlatanes y curanderos ni de amigos o parientes, que pretenden saber Medicina empíricamente y sólo ocasionan graves perjuicios.

Mientras me concedas la vida y el ejercicio de mí profesión, dame suficientes energías para perseverar en continuo estudio y logre así acrecentar y renovar mis conocimientos en beneficio de mis enfermos. Jamás permitas que me crea un sabio que todo lo puede, pues sin dedicación y estudio diario y sin tu ayuda, nada se alcanza. Concédeme: pueda quitar sufrimientos a mis enfermos y aliviarlos...y cuando sea imposible curarlos, haz que con tu divina voluntad les lleve fe en ti, resignación y consuelo.
Amen.

La oración del médico

¡Oh Médico divino de las almas y de los cuerpos, Redentor Jesús, que durante tu vida mortal distinguiste con tu predilección a los enfermos, sanándolos con el tacto de tu mano omnipotente! Nosotros, llamados a la ardua misión de médicos, te adoramos y reconocemos en Ti a nuestro excelso modelo y sostén.

Mente, corazón y manos sean siempre guiados por Ti, de modo que merezcan la alabanza y el honor que el Espíritu Santo atribuye a nuestro oficio.

Acrecienta en nosotros la conciencia de ser en cierto modo, tus colaboradores en la defensa y en el desarrollo de las criaturas humanas e instrumento de la misericordia.

Ilumina nuestras inteligencias en el áspero combate contra las innumerables enfermedades de los cuerpos, a fin de, que, sirviéndonos rectamente de la ciencia y de sus progresos no se nos oculten las causas de los males ni nos lleven a engaño sus síntomas, antes bien, con seguro juicio, podamos indicar los remedios dispuestos por tu Providencia.

Dilata nuestros corazones con tu amor, de modo que viéndote a Ti mismo en los enfermos, especialmente en los más abandonados, respondamos con infatigable solicitud a la confianza que ponen en nosotros.

Haz que, imitando tu ejemplo, seamos paternales en compartir el dolor con otros, sinceros en aconsejar, diligentes en curar, incapaces de engañar, suaves al anunciar el misterio del dolor y de la muerte; y, sobre todo, que seamos firmes en defender tu santa ley del respeto a la vida contra los asaltos del egoísmo y de los perversos instintos.
Como médicos que nos gloriamos de tu nombre, prometemos que nuestra actividad se moverá constantemente dentro de la observancia del orden moral y bajo el imperio de sus leyes.

Concédenos, por último. que nosotros mismos, por una cristiana conducta de vida y por el recto ejercicio de la profesión, merezcamos un día escuchar de tus labios la bendita sentencia prometida a aquellos que te visitaron como enfermo en tus hermanos: "Venid benditos de mi Padre a poseer el reino para vosotros preparado". Así sea.

Compuesta por S. S. Pío XII, con motivo del VII Congreso Nacional de la Asociación de Médicos Católicos Italianos.

Letanías de los santos médicos (6,7)

Señor, tened piedad de nosotros. Cristo, tened piedad de nosotros. Señor, tened piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

Dios, Padre nuestro Omnipotente, eterna salud de los creyentes, tened piedad de nosotros.
Jesús, que pasasteis haciendo el bien, cuidando y sanando, fuente de vida, tened piedad de nosotros.
Espíritu vivificador, ciencia y prudencia de los médicos, tened piedad de nosotros.
Trinidad Santa, que sois un solo Dios, tened piedad de nosotros.

Santa María, salud de los enfermos, rogad por nosotros.
San Rafael Arcángel, rogad por nosotros.



Revista Electrónica de PortalesMedicos.com. ISSN 1886-8924

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