Bueno, Ruchi, ante todo tienes que mantener la calma, pues sabes bien que la obsesión con las extras sólo consigue aumentarlas.
Sus razones tendrá el cardiólogo para considerar que la displasia no cabe en tu caso, pero la pregunta que me hago es si hablamos de un cardio "público" o "privado". En el primer caso, hay que tener siempre en cuenta que hablamos de recursos públicos que, por ese mismo carácter, no están a nuestra entera disposición por el mero hecho de que queramos estar tranquilos. En el segundo, la cosa cambia, pues si considero que me viene bien realizarme determinada prueba, me la hago y punto. Es casi seguro que ello supondrá un desperdicio de recursos, pero como quien paga manda, no hay discusión.
Sé que es doloroso este planteamiento, pero seamos sensatos... ¿alquien cree que la sanidad pública podría soportar la realización de multitud de carísimas pruebas sólo por el mero hecho de que el paciente lo necesecita para estar "tranquilo"? En mi opinión tal situación es inviable, sobre todo en un país como España, donde la población tiene una edad media considerable, lo que implica la utilización de gran parte de los recursos de la sanidad pública en el cuidado y mantenimiento de las personas mayores y, por tanto, achacosas en su mayoría. Si a eso sumamos que por fortuna gozamos de una sanidad universal, es decir, que cualquiera, venga de donde venga, tiene garantizada la atención sanitaria, por cara que sea, pues el resultado de esa ecuación es muy claro: hay que ser estricto en la gestión de unos recursos escasos para la enorme demanda que padecen, por mucho a algunos nos resulte incómodo.
En fin, que habrá que tener confianza en el profesional que te atiende, perderle el miedo a esto y, como bien sugieres, retomar la actividad física.
Mucho ánimo y a imbuirte del espíritu navideño, sin permitir que un puñado de extras te limiten el disfrute de tan señaladas fechas.
Saludos,

Carlos.