Querida Santy, vine a este foro de tu mano y me alegro infinitamente de ello. Cada vez que tienes ocasión, me demuestras que estoy en el buen camino siguiendo tus pasos. Tal vez si consigo contagiarme algo de tu mesura, las cosas me vayan mejor, pues la impulsividad que en ocasiones me domina no está desligada de las malditas extras.
En cuanto al trío de candidatos a la diabetes, qué puedo decir. Para mí es a veces una obsesión. Pienso con demasiada frecuencia en el momento en que aparezca el fin de mi páncreas y comience el proceso de deterioro físico que la diabetes produce a muchas de sus víctimas. Tal vez el caso de mi difunto padre me haya marcado, pero el terrible ictus que acabó con su vida, no deja de tener relación con nuestro mal. Él no sólo era diabético (a partir de los cincuenta y tantos), sino que además tenía ciertos desajustes en su corazón desde muy joven. Lo que ocurre es que no sólo padecía extrasístoles, sino que éstas iban acompañadas de fibrilaciones auriculares, que por desgracia aumentan una barbaridad el riesgo de padecer ictus (de eso soy consciente hoy, una vez que he ingresado en el club de los corazones locos, pero él se fue de este mundo sin tener la menor idea sobre ello). De hecho, el que supuso su muerte no era el primero que le daba. Lo lamentable es que ninguno de los médicos que lo trató hizo nada por él que no fuera atiborrarlo a fármacos, que como bien se demostró a posteriori, no sirvieron para mucho, salvo tal vez para demorar algo el desenlace sin darle la calidad de vida necesaria. Como es obvio, cuando el médico correspondiente firma tu certificado de defunción, no se molesta en aclarar que te ha matado un ictus en el tronco del encéfalo, muy probablemente provocado por las fibrilaciones auriculares que padecías y que no fueron capaces de eliminar, agravadas además por el deterioro del sistema circulatorio que la diabetes, maldito complemento, te ha provocado. Sólo la primera parte les basta para mandarte, debidamente amortajado, a la tumba o al horno. Es crudo pero real. Sin embargo, otro buen puñado de familiares ha sobrellevado la cruz de la diabetes desde mucho más jóvenes y sin tan dramáticas consecuencias, pero eso sí, no han tenido el aditamento de esos desajustes cardiacos.
Me consuela pensar que estoy aquí sólo de paso y que las vicisitudes que tenga que pasar deben enriquecerme y hacerme más fuerte, pero como bien sabes, nuestro estado de ánimo es voluble y lo que hoy nos parecen razones de peso mañana son meras plumas al viento. Por eso estoy tan convencido que sólo el debido equilibrio emocional nos permitirá sobrellevar las extras sin penurias, pero caray, qué difícil resulta encontrarlo. Yo lo busco y lo busco, pero por más que me esfuerzo no lo encuentro. De todas formas, seguiré intentándolo, porque rendirse no va conmigo.
Un beso,
Carlos.