¿Cual es el valor de la vida para los adolescentes con conductas suicidas?
Autor: Amarilis Cordova | Publicado:  14/09/2009 | Psicologia , Medicina Forense y Legal , Psiquiatria , Pediatria y Neonatologia | |
¿Cual es el valor de la vida para los adolescentes con conductas suicidas?.1

¿Cuál es el valor de la vida para los adolescentes con conductas suicidas?

 

Amarilis Córdova A. Especialización en Salud y Desarrollo en Adolescentes.


Resumen.

 

En este artículo se intenta realizar una  reflexión sobre el significado y valor de la vida para los adolescentes que intentan suicidio. Objetivo. Conocer y reflexionar sobre la valoración de la vida y la muerte en los Adolescentes con conductas suicidas. Método. Revisión bibliográfica y reflexiones sobre el suicidio y el valor de la vida. Conclusión: son importantes las intervenciones educativas y tendría que ser una educación que se imparta con amor y con comprensión para con el dolor y la desesperación del adolescente que asume la conducta suicida, de manera que su "amor por la vida" la lleve a desistir de su decisión de muerte.

 

Palabras clave. Intento suicida. Conductas suicidas. Valores. Vida y muerte.

 

Introducción

 

El suicidio es un tema abstracto en el que se filosofa, piensa y comenta pero que siempre pasa a ser un tabú, se niega la posibilidad de que pueda ocurrir y si ocurre se oculta, todo este oscurantismo que se tiene sobre el suicidio hace difícil su detección precoz, la prevención y el tratamiento de las conductas suicidas en los adolescentes.

 

Al escribir este artículo me pregunte ¿cuál es el valor que tiene la vida para los adolescentes con conductas suicidas?

 

Desarrollo

 

Contexto histórico del suicidio.

 

Las conductas suicidas son un fenómeno universal que han estado en todas las épocas y culturas pero las actitudes de la sociedad frente a estas han sido controvertidas ya que han estado condicionadas por las distintas valoraciones que se le dan desde el punto de vista filosófico, religioso, psicológico y popular. Por ello el suicidio ha sido un acto enaltecido o banalizado, han sido muestra de valor o libertad o de cobardía y debilidad.

 

En Oriente el suicidio es visto como un acto indiferente o elogiable ya que la muerte es solo un cambio de forma de existencia. En Europa los celtas escogían el suicidio para poner fin a sus vidas, ya que se glorificaba a los que se daban muerte voluntariamente.

 

Los Romanos, bajo la influencia del estoicismo (esencialmente es una filosofía de la libertad o más bien de la liberación) admitían muchas razones legitimas para su práctica.

 

Sin embargo, desde el punto de vista filosófico, puedo citar a un gran filosofo, San Agustín de Hipona quien consideraba el suicidio como algo pecaminoso.

 

 El cristianismo acepto, en los primeros siglos, que el suicidio era admisible en algunas circunstancias como medio para lavar las propias culpas pero esta opinión fue cambiando con los años hasta asumir una actitud intransigente frente al suicidio. (Hernández, 2002)

 

El valor de la vida

 

La palabra “valor” significa ser fuerte, vigoroso, potente, estar sano. Su sentido es el opuesto a lo que imagino sienten los adolescentes que intentan o comenten suicidio. La palabra suicidio llega desde el latín moderno uniendo a sui que significa “de sí mismo”, con cidium “matar”, atentando contra la propia vida, son autodestrucciones deliberadas.

 

Actualmente los suicidios están entre las principales causas de muerte en los Adolescentes. (García, 2002)

 

Si bien podríamos intentar entender los suicidios desde el punto de vista de quién intenta o comete el acto, lo analizare en este artículo en la perspectiva de quién lo contempla desde afuera y saca sus conclusiones. Elegí este ángulo, ya que sólo en los casos de los intentos que fracasan podemos llegar a conversar sobre sus motivaciones con los mismos adolescentes que lo intentan.

 

En nuestra vorágine por alcanzar pretendidos bienestares, corremos incansablemente tras los nuevos objetos materiales, que parecen contener una fascinante e inasible felicidad. Esta loca carrera y su cuota creciente de irracionalidad apartan y alejan inexorablemente a cada persona de sus propios valores.

 

El sentido de la vida es recogido por la bella frase de un poeta, que sugiere: «Llega a ser lo que eres». Su propuesta nos introduce en el difícil mundo de llegar a hacernos personas. Poder serlo, implica servir a nuestros valores, en lugar de servirnos de ellos.

 

Apreciar un valor es a menudo descuidar otros. Nuestra actitud simplista contemporánea nos arrastra diariamente más hacia la crítica mutua que hacia el reconocimiento de los méritos propios y ajenos. Solemos decir muchas más veces «muera!» que «viva!». Cuando el odio, la injusticia y la búsqueda desenfrenada del provecho personal dominan la escena, cuando cada uno atiende sólo al río abierto de sus egoísmos y pasiones la vida humana se vuelve intolerable.

 

Es importante recibir el alimento material, pero es también indispensable respetar el valor de las personas. Sólo eso puede ir nutriendo nuestro mundo psíquico. La falta de valoración personal genera en cambio un vacío continuo.

 

Factores que atentan contra la vida

 

En el suicidio la vida deja de tener valor, pierde su sentido como consecuencia de un intrincado juego de diversos factores, entre los que juega un rol especial la configuración biológica, la historia singular y el medio social y familiar.

 

La agresión.

 

Entender las conductas suicidas, implica comprender el sentido de la agresión humana. Freud planteó, a partir de la década de 1920, que en cada una de las células, de todos los hombres, existen dos instintos: el de vida y el de autodestrucción. El impulso a la autodestrucción (o mejor dicho el instinto de muerte) se puede expresar hacia afuera como destructividad. También puede expresarse hacia adentro, como una fuerza autodestructiva, generando enfermedades y suicidios. (Martínez, 1999)

 

La agresividad en los animales tiende a la autoconservación del individuo y de la especie. Se moviliza cuando aparecen amenazas a la vida, la alimentación, al territorio, etc. Frente al peligro, el animal puede reaccionar con agresividad o huyendo, retirándose ante el enemigo (también lo hace el hombre).

 

Cuando no hay amenaza a la vista, no se moviliza agresividad alguna.

 

La respuesta agresiva está siempre presente en el cerebro, como un mecanismo que puede ser estimulado, pero que no aparece en ausencia de un desencadenante. La agresividad no se almacena y no fuerza los comportamientos.

 

En la especie humana se pueden distinguir dos formas de agresión:

 

·         La capacidad biológica de reaccionar adecuadamente frente a los peligros

·         La agresión específicamente humana, peculiar de la pasión, la hostilidad con lo viviente: el odio a la vida, la necrofilia. (Sheiman, 1999)

 

El animal sólo vive la amenaza en el tiempo presente: «en este momento estoy amenazado». El hombre puede representarse también el futuro. Debido a esta capacidad, puede vivenciar sus amenazas no sólo como ya existentes sino también como previsibles, anticipables. Esto extiende el rango de su reacción agresiva mas allá de aquello que está ocurriendo, lo lleva al territorio de lo que estaría por ocurrir.

 

El hombre (a diferencia de los animales) puede ser persuadido de que su vida y su libertad están amenazadas, a través de la utilización adecuada de los símbolos. Porque el hombre tiene intereses especiales: sus valores, sus deseos y las instituciones con que se identifica. Todo ataque a esos ideales o contra las personas de interés vital para él, puede tener el mismo significado que un ataque a propia su vida. (Sheiman, 1999)



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924