Una crisis en silencio. La crisis de la sexta decada de la vida. El climaterio masculino
Autor: Dr. José Cukier  | Publicado:  21/10/2008 | Psicologia , Geriatria y Gerontologia | |
Una crisis en silencio. La crisis de la sexta decada de la vida. El climaterio masculino.5

Singularidades de la pasión en el climaterio masculino.

 

En el climaterio la caída de la energía pulsional se disfraza como pasión. La captación de una menor vitalidad, intenta ser restituida con una revitalización espúrea. Hay una proyección ilusoria, con la creencia de que la energía de reserva la tiene otro y que se recibe de éste. La hipertrofia del sentir pretende encubrir el agotamiento de Eros. Suele mostrase con una fachada inversa, y desde ahí refutar el agotamiento o aún promoverlo, pretendiendo en apariencia restablecer el circuito energético, cuando en verdad se está drenando, con la salvedad de las pasiones ligadas a la sublimación (como la pasión creadora). Esta, aún teniendo un componente intenso y hasta violento, cuenta con el acuerdo de un Superyó desexualizado, lo cual es una diferencia con el intento de realimentación a través del vínculo inmediato con otra persona. La pasión creadora implica mayor autonomía intrapsíquica y menor dependencia de la vitalidad ajena, con diferentes posibilidades de procesamiento y destino.

 

Igualmente puede ser vitalizante el vínculo con personas más jóvenes (es el caso de los educadores), aunque lo fundamental es el vínculo tierno que continúa luego que la pasión se extingue en una relación de ternura mutua recíproca.

 

Dos tipos de alternativas posibles brinda la pasión: En un contexto sublimatorio y pasión sin sublimación.

 

El primero, es un camino que la desvitalización elige para revitalizarse en un vínculo tierno con el otro. Cuando hay interlocutores interiores, el vínculo pasional se da en torno a un producto que se va plasmando. En cambio en el vínculo pasional inmediato, hay deseo de "pigmalionizar" al otro, como complemento de uno, lo cual es imposible en la realidad. Pueden darse coincidencias más o menos felices, o bien por sumisión de alguno de los miembros. En la sublimación, no hay forzamiento del otro, se puede ir promoviendo y modelando el objeto sobre el cual se opera, si es que éste se dispone para ello. Esta sublimación no implica siempre producción intelectual, artística o laboral. Pueden ser otras diferentes y menores como por ejemplo los hobbies, de aparición muy común el quinta década de la vida.

 

En los vínculos interindividuales familiares, son observables las pasiones con los hijos, los nietos, las nueras, o los yernos (a veces disfrazados de peleas).

 

¿Qué sucede cuando la pasión sin sublimación claudica?

 

¿Cuando el Superyó no reconoce al yo a pesar de la sumisión de éste y le exige mayor goce?, ¿Cuando ya no es posible tramitar una voluptuosidad desenfrenada? Puede tener diversas derivaciones (según el punto de fijación). A manera de ejemplo puedo señalar que en la fijación pre-oral intrasomática, puede devenir en una manifestación psicosomática o en accidente. Sería el caso bastante frecuente del señor que en la cincuentena busca energizarse en el vínculo con una joven y cuando la pasión cede, surge la patología psicosomática.

Si la fijación es oral primaria, puede desembocar en adicciones o en las pasiones místicas (de religiones exóticas) que al fracasar derivan en el alcoholismo o en la drogadicción. Surge el proceso tóxico cuando claudica la posibilidad de ligar la pulsión con algo en el mundo.

El afecto hiperintenso no alcanza para satisfacer; en lugar de cancelar la urgencia pulsional, promueve una mayor exigencia de trabajo y mayor tensión.

 

Mientras la pasión subsiste, hay un matiz afectivo y consciente, cuando se intensifica surge la intoxicación sin cualidad, hasta el estallido catártico. Este puede intercalarse con la pasión, y así alternarse pasión, intoxicación y descarga. En la intoxicación, se interfiere la capacidad de producir por proyección, un espacio sensorial sobre el cual podría recaer la investidura pulsional. Al no constituirse el universo sensorial, surge un conglomerado sin proyectos alternativos. Un estado de embotamiento en que ya ni el objeto de la pasión es suficiente para satisfacer y ligar las exigencias libidinales. Entonces la desestimación sustituye a la desmentida. Surgen los celos delirantes, los amores tempestuosos como esfuerzo para sustraerse del riesgo de intoxicación libidinal. Puede seguirse de una manifestación orgánica, con un vínculo esclavizante con otra persona, aparentemente violenta y posesiva. Esta persona es alimentada por proyección del sujeto apasionado.

 

Lo que en verdad sucede es que la pulsión proyectada, queda representada por un objeto. Este retorna como alguien del mundo que impone la sumisión del apasionado. Se dan entonces vínculos interindividuales con pasión y estados tóxicos que se alternan.

Cuando queda estancamiento con restos de la pulsión no ligada ni descargada, el Yo, pasivo ante la pulsión, padece afectos automáticos y no desarrolla matices. No hay proyección, ni objeto ni circunstancia que resulten investidas. En éste caso un fragmento del propio cuerpo siempre presente, se presta para la afección somática.

 

E. CREATIVIDAD Y RASGOS DE CARÁCTER.

 

En la tercera posibilidad de organización que describe Freud, (1940a), agrega que las investiduras libidinales "[...] experimentan una aplicación diversa dentro del yo, forman rasgos de carácter, padecen sublimaciones con desplazamiento de meta [...]". . (S.E, 23. p.155). Así nos encontramos en el capítulo vinculado con la aparición de los hobbies, o de otros intereses que fueron desarrollados anteriormente durante la vida, y que van cobrando valor diferente según el punto de fijación de que se trate. La sublimación debe discriminarse de la creatividad. Esta no presupone la sublimación pero la sublimación presupone creatividad. A esta Freud la llama actos puramente internos porque implican procesos de autoconstrucción, diferentes del percibir y el vivenciar. Pueden posteriormente quedar incorporados al superyó con carácter de amparo y como intensificador para ligar las exigencias pulsionales. Amparo que como dice Platón, citando a Píndaro es una "dulce esperanza que le sirve de nodriza en la vejez". (El Estado o La República. Libro l. Citado por M. Strejilevich. 1970. p.223). Amparo que permite la adquisición del humor como transformación del narcisismo, reconociendo y aceptando su finitud. El humor se alcanza cuando el acento psíquico del yo, es transferido al superyó, Freud, (1927d). La sublimación puede dejar al yo, expuesto a la pulsión de muerte sin ligar; la creatividad no tiene ese riesgo, da por resultado productos que denotan un buen enlace con el ambiente y una elaboración de las tres servidumbres del yo, con complejización creciente del psiquismo y generando neoformaciones.

 

En cuanto a los rasgos de carácter, solo diré que los conflictos con la propia erogeneidad y con un superyó sádico pueden culminar en una creciente caracteropatización. Decía Freud, que se suele atribuir a los seres deformes o contrahechos, un sentimiento de envidia por la diferencia irreversible con los demás. La captación de una diferencia insoportable, que comienza a insinuarse en éste período, imposible de neutralizar por la desmentida, puede devenir en rasgos conflictivos de carácter e identificación con objetos decepcionantes. "A esta altura de mi vida, soy así y que me aguanten", expresión habitual que pretende evitar el desarrollo del sentimiento de envidia nivelando por lo bajo. El rasgo de carácter patológico se vuelve hegemónico y para sostenerse se puede apelar a algún tipo de poder económico, político o cognitivo que permite imponer el criterio. Se instala la lucha por el poder y la herencia con los más jóvenes. "Con respecto a esas quejas de los viejos y de sus pesares domésticos, no es la vejez [...] sino en el carácter de los viejos en donde hay que buscar la causa. Con costumbres apacibles y tranquilas encuentra uno soportable la vejez. Con un carácter opuesto, la vejez y la juventud son igualmente difíciles."(citado por M. Strejilevich. op. cit).

 

F. SENTIMIENTO DE SÍ Y DE INFERIORIDAD.

 

Freud, (1917e), dice que "[...] la melancolía se singulariza [...] por [...] una rebaja en el sentimiento de sí [...] desagrado moral con el propio yo por encima de otras tachas; quebranto físico, fealdad, debilidad, inferioridad social (son) apreciación que el enfermo hace de sí mismo [...]". (S.E, 4. p.247).

 

El sentimiento de inferioridad es la inversa del sentimiento de si; como respuesta a la inermidad yoica que produce la herida narcisista. Deviene de la captación de la pérdida de recursos internos y el fracaso de las conductas sobrecompensatorias para desmentir la caida (como por ejemplo la sobrecarga laboral, deportiva, status, recompensas, honores). Estas son un intento de restituir imaginariamente, una imagen de si identificada con el ideal para salvaguardar la autoestima. El ideal del yo, promueve en el yo sentimientos displacenteros (de inferioridad), en cuanto que está ubicado como negativo del yo ideal. No hay posibilidades intermedias. Para ello es necesario un funcionamiento esquizoide (lógica de las posiciones y la parte por el todo). La misma crea un estado de tensión narcisista, que opera como señal ante el peligro de colapso. La búsqueda de recursos externos al sujeto, para sostener una imagen inferior dominante, sustituye lo que debe generarse internamente. En consecuencia la posición es de un equilibrio precario y de dependencia extrema.



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924