Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Primera parte
Autor: Dr. Alberto Ochoa Govin | Publicado:  11/09/2009 | Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. , Neurologia , Neurocirugia | |
Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Primera parte.10

Las esquirlas óseas, en las fracturas deprimidas, pueden provocar rupturas de duramadre y compresión o heridas cerebrales.

 

Las fracturas de cráneo se detectan en el 80% de las lesiones fatales. Solo el 20% de los traumatismos mortales no presentan una fractura de cráneo.

 

Una fractura indica que el trauma ha sido con una fuerza considerable, y por lo tanto existe la posibilidad de que se haya lesionado el encéfalo. (49,50)

 

Las fracturas craneales pueden clasificarse en:

 

a-     Fracturas de la bóveda craneal o calota: estas son las más frecuentes aproximadamente el 70%, a su vez pueden ser lineales, que son aquellas que no presentan desplazamiento de los bordes de la fractura, deprimidas, que son aquellas en las cuales hay un hundimiento o depresión ósea, conminutas, que son aquellas con formación de esquirlas, y un tipo muy particular que puede verse en los niños pequeños menores de un año, a consecuencia de la naturaleza membranosa del hueso que en estos casos es fino y elástico, por lo que puede ocurrir una depresión craneal sin ruptura ósea la cual conocemos como fractura en ping-pong.

 

Las fracturas lineales de la bóveda craneal tienen tremenda importancia clínica sobre todo las de las regiones temporales ya que los bordes filosos de la fractura suelen lesionar la arteria meníngea media y producir un sangrado ocasionando un hematoma epidural agudo.

Las fracturas de la bóveda craneal abiertas al igual que las fracturas de la base del cráneo son una fuente potencial de infecciones del sistema nervioso central.

 

b-    Fracturas de la base craneal: representa el 30% de las fracturas de cráneo. Se sitúan en las fosas craneales anterior, media o posterior aunque, a veces, son de posición longitudinal y abarcan dos o más fosas. Otras son transversales y atraviesan la base de un lado al otro. Estas pueden ser unilaterales o bilaterales.

 

En las fracturas de la fosa anterior o piso anterior de la base craneal, también llamadas craneoorbitarias, pueden lesionarse. Los nervios olfatorio, óptico, oculomotores y el trigémino.

 

En su trayecto las fracturas de la fosa media o piso medio con frecuencia cruzan el peñasco del hueso temporal y como complicación, provocan lesiones de los nervios estatoacústico o vestibulococlear, el facial y otros nervios craneanos.

 

En las fracturas de la fosa posterior, en ocasiones se afectan el tronco o tallo cerebral, el cerebelo y los pares craneales bajos conformado por los nervios glosofaríngeo, vago o neumogástrico, espinal o accesorio y el hipogloso.

 

Las fracturas de la base que comprometen la lámina cribosa del etmoides o los senos óseos esfenoidales o paranasales, cuando hay ruptura de la mucosa, deben considerarse también fracturas complicadas, con mayor riesgo de infección. Otras complicaciones son las fístulas de líquido cefalorraquídeo y las lesiones de grandes vasos de la base como la arteria carótida o los senos venosos.

 

Lesiones de las meninges y en los espacios intermeníngeos.

 

Los traumas con ruptura de la duramadre son penetrantes, algunos también los nombran como abiertos; y aquellos en que la duramadre está intacta son no penetrantes o cerrados.


Los traumatismos penetrantes tienen más riesgos de infección y de lesiones cerebrales directas que los no penetrantes.

 

El hematoma epidural.

 

Algunas lesiones de la duramadre se acompañan de una hemorragia por ruptura de vasos meníngeos, del diploe, o de los senos venosos. Es frecuente la lesión de la arteria meníngea media.

 

El hematoma se forma por acumulación de sangre en el espacio epidural, entre la duramadre y el cráneo, su evolución casi siempre es rápida o aguda.

 

Se localiza fundamentalmente en la zona temporal donde la duramadre se despega con relativa facilidad, a esta región se le conoce con el nombre de zona despegable de Gerard Marchand. (52).


Generalmente el hematoma epidural se encuentra por debajo del sitio de la fractura. La lesión inicial es a menudo aparentemente leve o moderada.

 

Existen hematomas epidurales en forma de reloj de arena en los cuales el sangramiento activo de la arteria meníngea va despegando la duramadre en dos zonas por separado hasta unirse medialmente y despegar totalmente dicha región lo que ocasiona un gran efecto de masa de forma aguda con el consiguiente aumento brusco de la presión intracraneal que se expresa con la aparición de signos neurológicos de compresión cerebral, en estos casos, en las series estudiadas, la mortalidad resulta bastante elevada incluso en aquellos donde se toman medidas neuroquirúrgicas de extrema urgencia.

 

El hematoma subdural

 

En ocasiones a causa del traumatismo, se rompen arterias corticales o se desgarran pequeñas venas puentes de la corteza cerebral, en el sitio en que penetran en los senos de la duramadre (seno longitudinal superior) y se colecciona un hematoma entre la aracnoides y la duramadre, en el espacio subdural.

 

Los hematomas subdurales por su evolución en el tiempo pueden ser: agudos, subagudos y crónicos.


Estos tipos de hematomas intracraneales postraumáticos agudos y subagudos, se presentan, entre el 10 y hasta más del 50% de los pacientes con traumatismos craneoencefálicos graves.

 

La sangre puede extenderse en la superficie de un hemisferio, o de ambos hemisferios (pueden ser unilaterales o bilaterales). Pueden localizarse en el lado opuesto al impacto por contragolpe.

 

Generalmente se deben a un trauma de consideración y se asocian a una severa contusión cerebral.

 


Revista Electrónica de PortalesMedicos.com. ISSN 1886-8924

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