Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Cuarta Parte
Autor: Dr. Alberto Ochoa Govin | Publicado:  10/09/2009 | Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. , Neurologia , Neurocirugia | |
Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Cuarta Parte.5

En ciertos casos está indicado el drenaje de líquido cefalorraquídeo (LCR) por punción intermitente o drenaje continúo por catéter lumbar.

 

Si al cabo de dos semanas no se ha obtenido el cierre de la fístula debe considerarse la posibilidad quirúrgica. Cuando fracasan las cirugías repetidas, se contempla el drenaje del líquido mediante una derivación ventriculoperitoneal o lumboperitoneal.

 

Síndrome vestibular postraumático.

 

Está compuesto por un complejo sintomático después de ocurrido el traumatismo, que incluye vértigos, náuseas, vómitos, nistagmos, desequilibrio primario con tendencia unilateral y signo de Romberg positivo. (31,88)

 

Lesiones de pares craneales.

 

Se destacan las lesiones de los nervios facial, acústico, olfatorio, oculomotores y el óptico.

 

La lesión del nervio facial.

 

Tiene una frecuencia del 1 al 3%, es el segundo nervio craneal más frecuentemente lesionado en el traumatismo encefalocraneal (TEC), en especial cuando es contundente o penetrante a la parte petrosa del hueso temporal, en ocasiones se acompaña del octavo par craneano.

 

Si la parálisis es inmediata, el daño es causado por disrupción anatómica del nervio por fragmentos óseos o fractura del hueso petroso. Si es tardía, días o semanas después, es por edema del nervio o del perineuro, daño de su irrigación por espasmo arterial o compresión externa por un hematoma.

 

El diagnóstico es clínico, pero pueden utilizarse pruebas eléctricas para determinar la gravedad del daño y el pronóstico, en cuanto a recuperación. El TAC y la resonancia magnética nuclear (RMN) sirven para identificar posible causas de la lesión.

 

El tratamiento se hace por métodos físicos y de rehabilitación. Las lágrimas artificiales en el día y un ungüento oftálmico en la noche mejoran la sequedad corneal ocasionada por la inadecuada secreción lagrimal y falta de parpadeo. Las complicaciones más temidas son la queratitis y la úlcera de la córnea; si se presentan se requiere una tarsorrafia temporal.

 

El beneficio de la cirugía descompresiva del nervio facial es discutido y depende del tipo de daño sufrido; por ejemplo: es satisfactoria en el 94% de los casos en que no hay disrupción del nervio.

 

La lesión del nervio acústico.

 

Es uno de los más afectados en el traumatismo encefalocraneal (TEC). El nervio se lesiona por trauma directo o avulsión, por lo general cuando hay fractura del hueso petroso. La equimosis subcutánea retroauricular (signo de Battle) indica fractura del peñasco, igual ocurre con la laceración de la membrana timpánica y del conducto auditivo externo. La hipoacusia puede ser producida por luxación de la cadena propia del oído.

 

Los síntomas más frecuentes son: vértigos, tinnitus e hipoacusia neurosensorial. Los potenciales evocados auditivos, la tomografía axial computerizada (TAC) y, en algunos casos la resonancia magnética nuclear (RMN) permite establecer el diagnóstico del daño del nervio. El tratamiento es sintomático en el caso del vértigo. La cirugía está indicada cuando hay disrupción de la cadena de huesecillos.

 

El pronóstico de la hipoacusia neurosensorial es reservado. El de la hipoacusia conductiva, por el contrario, es bueno, si es por hemotímpano, pues cede solo, si es por disrupción de los huesecillos se corrige con cirugía. Los síntomas laberínticos mejoran con tratamiento sintomático en 6 a 12 meses.

 

Lesión del nervio olfatorio.

 

La cintilla olfatoria, por su localización en la base de la fosa craneal anterior, se encuentra expuesta a traumatismos por el mecanismo de contragolpe o a rupturas como consecuencia del desplazamiento de la masa encefálica. Su alteración funcional se diagnostica por los síntomas referidos por el paciente que son: pérdida del gusto y del olfato, además, al realizar el examen clínico, se identifica la pérdida de los olores básicos. El pronóstico en cuanto a su recuperación es reservado.

 

Lesión de los nervios oculomotores.

 

Puede ocurrir en las fracturas de la órbita especialmente en aquella que involucra la hendidura esfenoidal. El par craneano más comprometido es el motor ocular común, por tanto se presentan desviación externa del globo ocular, parálisis de la elevación, descenso y rotación interna del ojo, ptosis palpebral y midriasis paralítica. El pronóstico de recuperación es satisfactorio. En este aspecto se debe tener en cuenta que los ejercicios ortópticos y la oclusión alterna de un ojo son útiles una vez se inicie la fase de recuperación funcional.

 

Lesión del nervio óptico.

 

Aproximadamente el 5% de los pacientes que sufren traumatismo encefalocraneal (TEC) presentan lesiones asociadas de algún sector del aparato visual. Cerca del 0.5 al 1.5% de estos pacientes presentan una lesión indirecta por traumatismo no penetrante del nervio óptico, con más frecuencia a causa de un golpe homolateral de la cabeza generalmente frontal; en ocasiones temporal y con menor frecuencia occipital. El nervio óptico se divide en 4 segmentos: intraocular de 1 mm de longitud, intraorbitario de 25 a 30 mm, intracanalicular de 10 mm e intracraneal de 10 mm. El segmento intracanalicular es el que sufre lesiones con más frecuencia en los casos de traumatismo cerrado.

 

Las alteraciones oftalmoscópicas precoces son indicativas de lesiones del sector anterior del segmento intraocular (papila óptica) o de los 10 a 15 mm del segmento intraorbitario que está justo detrás del globo ocular donde la arteria retiniana pasa por dentro del nervio, mientras que las lesiones del sector posterior, posteriores a la zona descrita pero anteriores al quiasma tardan de 4 8 semanas en mostrar signos de palidez de la papila y pérdidas de la capa de fibras nerviosas retinianas.


Revista Electrónica de PortalesMedicos.com. ISSN 1886-8924

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