Alimentacion antes, durante y despues del embarazo
Autor: Dr. Ernesto E. Villalba Supka | Publicado:  21/07/2008 | Ginecologia y Obstetricia , Endocrinologia y Nutricion | |
Alimentacion antes, durante y despues del embarazo.12


Embarazo y vegetarismo

 

Si diferenciamos a las mujeres en estado de gestación entre las vegetarianas y las lacto-ovo-vegetarianas, debemos señalar que las primeras no logran cubrir los requerimientos nutricionales del embarazo; ya que la cantidad de proteínas que ingieren con los vegetales y los cereales son de baja calidad, por carecer de los 20 aminoácidos esenciales (de las carnes rojas).

 

En cambio las lacto-ovo-vegetarianas incorporan suficiente cantidad de proteínas a través de la ingesta de huevos, manteca, leche, yogur o queso. En conclusión, la futura madre que mantiene este tipo de dieta, debe asegurarse de que los alimentos que elige le proporcionan suficiente cantidad de proteínas. Deberá saber cuáles proteínas incompletas se complementan con otras para formar proteínas completas y planificar su dieta de acuerdo con esto.

 

Sodio e hipertensión

 

Todos los manuales y libros de divulgación para la mujer embarazada aconsejan reducir al mínimo el consumo de sal. En vistas de un embarazo hay que mantener el consumo de sal en unos pocos gramos al día, como la mejor forma de no comenzarlo con tejidos hinchados de agua. Esto ocurre porque existe una relación directa entre la cantidad de sal que se consume y la cantidad de agua que el cuerpo retiene: a mayor cantidad de sal, mayor retención de agua. Los tejidos de la mujer embarazada muestran una particular avidez hacia el agua, por lo que si se le suma un excesivo consumo de sal, los tejidos pueden hincharse en demasía.

 

Lo ideal –antes, durante y después del embarazo– es suministrarle a nuestro cuerpo una dosis adecuada de sal que mantenga el correcto equilibrio de líquidos. Si bien la necesidad de sodio crece durante el embarazo –debido al mayor volumen de la sangre– el consumo de sal debe ser siempre moderado para que no llegue a ser perjudicial. Existe una marcada tendencia al exceso en el uso de la sal, por el sabor de los alimentos salados al que el organismo se acostumbra rápidamente. Pero si tenemos en cuenta que casi todos los alimentos contienen sal en mayor o menor medida, nos daremos cuenta que nuestras necesidades al respecto se encuentran cubiertas, siendo superfluo el añadir aún más.

 

Una embarazada sufre de hipertensión arterial cuando su presión se mantiene persistentemente por encima de los valores estimados como normales (a partir de una mínima de 9 y una máxima de 14). En general, la hipertensión suele aparecer en forma solapada, sin síntomas que alerten al individuo (por eso, frecuentemente, el diagnóstico se realiza en forma tardía y casual, cuando algunos órganos ya están afectados). Recordar que el 23% de los argentinos sufre de hipertensión arterial (Fundación Cardiológica Argentina – Año 2003).

 

Dietas hiposódicas

 

Los casos en los que es necesario limitar o anular el consumo de sal son pocos, se reducen a aquellas personas que ya antes del embarazo sufrían problemas renales o cardíacos, o bien cuando aparece hipertensión o edemas. En estos casos, el control de la sal deberá realizarse con extremada atención, para que la futura madre consuma una mínima cantidad de sodio que le permita expandir el volumen sanguíneo, sin que ello implique efectos colaterales.

 

Una dieta se considera hiposódica cuando contiene menos de 5 gramos de sal por día.

 

Algunos consejos para comer bien sin sal

 

Consumir muchas verduras crudas; dar sabor a las ensaladas con cebolla e hierbas aromáticas como berro o albahaca; perfumar la ensaladera con una pizca de ajo. El sabor ácido de algunos frutos como el limón o el tomate es un perfecto sustituto de la sal. No se trata sólo de eliminar la sal de cocina sino de hacer una transformación completa de la alimentación, que va más allá de la abstención de sal. O bien comer con sal de mesa fina tipo “Light” que contiene poco sodio, un 66% menos que la sal común, o sales con potasio y sin sodio).

 

Alimentos prohibidos

 

Sal común de mesa, sal de ajo, de cebolla, de apio, etc. Fiambres y embutidos, chacinados, carnes enlatadas. Vísceras. Manteca y margarinas. Crema de leche, leche en general y en polvo en especial. Galletitas rellenas, (dulces), Pan, galletitas de agua (hay pan y galletitas sin sal), facturas, tortas de repostería, prepizza o pizza comprada. Quesos estacionados, quesos en general con rótulos “c/sal” y de rallar (duros) especialmente (hay algunos sin sal, por ejemplo: Fresco o Port Salud sin sal, rallados sin sal). Enlatados en general. Extractos de carne. Caldos de carnes y sopas. Productos de copetín (aceitunas, chizitos, galletitas saladas, maníes, pickles, etc.). Aderezos, (mayonesa, salsa ketchup, mostaza, salsa roja). Hamburguesas comerciales, en su reemplazo se recomiendan caseras. Bacalao, pescados ahumados, etc.

 

Leer siempre las etiquetas para saber la cantidad de sodio (Na) en cada producto (inclusive en el agua mineral y otras bebidas).

 

EJEMPLO: Cantidad de sal en los alimentos (por porciones de 100 gramos)

 

alimentacion_nutricion_embarazo/cantidad_sal_alimentos

 

Embarazo y obesidad

 

Se considera una obesa embarazada a aquella mujer que comienza su embarazo con un exceso de peso promedio del 20% o más para su peso teórico ideal. En nuestro país existe un 20% (aproximadamente) de mujeres obesas. En cambio, para considerar a una embarazada obesa nosotros tomamos como parámetro un aumento de más de 15 kilogramos al término de la gestación.

 

Siendo uno u otro el caso, ambas tienen mayores probabilidades de sufrir complicaciones durante su embarazo. Por ejemplo:

  • Tiene siete veces más posibilidades de sufrir hipertensión.
  • Tiene muchas más posibilidades de sufrir hemorragias en el parto.
  • Tiene más posibilidades de sufrir edemas, hinchazón, etc.
  • Tiene más probabilidades de padecer várices.
  • Trabajo de parto prolongado (en un porcentaje del 25%).
  • Cesáreas con complicaciones (en un porcentaje del 33%).
  • Diabetes después del embarazo en un porcentaje de hasta el 40%.
  • Peso del recién nacido más alto de lo normal.

 

El control de peso de la embarazada con problemas de obesidad debe estar bajo un estricto control médico, ya que cualquier deficiencia o trastorno en las calo­rías de la dieta, puede influir negativamente en el bebé y en ella misma. La embarazada no debe bajar de peso, sino aumentar entre 9 y 11 kilogramos.

 

En este sentido, debe señalarse que una dieta hipocalórica no debe contener una cantidad inferior a las 1.600 calorías diarias, ya que de lo contrario se determi­naría un inadecuado aprovechamiento de las proteínas de la dieta, aún cuando su aporte sea mayor de lo habitual. Durante la lactancia, debe observarse la misma conducta, con un aumento de calorías hasta las 1.800 diarias.

 



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Revista de Medicina y Ciencias de la Salud, de periodicidad quincenal, dirigida a los profesionales de la Salud de habla hispana. ISSN 1886-8924