Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Tercera Parte
Autor: Dr. Alberto Ochoa Govin | Publicado:  10/09/2009 | Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. , Neurologia , Neurocirugia | |
Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Tercera Parte.8

Las fracturas en ping-pong. Esta denominación hace referencia a un hundimiento de una zona determinada del cráneo, que se asemeja a una pelota de ping-pong abollada. Por lo general, es exclusiva de los neonatos debido a la plasticidad que tiene el cráneo a esa edad. No es necesario instituir ningún tratamiento cuando se produce en la región temporoparietal, siempre que no haya una lesión cerebral subyacente, ya que la deformidad generalmente se corrige cuando crece el cráneo.

 

Las lesiones situadas en la zona frontal pueden corregirse, por razones estéticas, efectuando una pequeña incisión lineal detrás de la inserción del cabello, abriendo un agujero de trepanación adyacente al hundimiento y empujándolo hacia fuera con un disector de Penfield. (20, 31,74)

 

En un estudio sobre los factores de riesgo en el trauma encefalocraneano, se hace una comparación entre las fracturas occipitales y las frontales y se plantea que los pacientes que presentan fracturas occipitales pueden correr un mayor riesgo de sufrir una lesión intracraneal significativa, lo que puede estar vinculado a que, en los traumatismos frontales, uno puede protegerse extendiendo los brazos. Además, los huesos faciales y los senos aéreos actúan como agentes de absorción del impacto.

 

 

Lesión postraumática de los senos venosos de la duramadre.

 

Las laceraciones de los senos venosos son un verdadero problema para el neurocirujano, por la masiva hemorragia y el edema cerebral debido a la obstrucción venosa; la sospecha de esta lesión facilita la intervención quirúrgica.

 

No hay cuadro clínico asociado a la porción anterior del seno longitudinal superior. La parálisis y espasticidad de los miembros inferiores son característicos de los traumas de la porción media del seno longitudinal superior.

 

La porción posterior está asociada a sangramiento cortical con edema y estado de coma.

 

Las lesiones del seno transverso no tienen un cuadro clínico en específico.

 

Las lesiones de los senos durales se han relacionado con traumas y fracturas deprimidas, estas últimas están muy estrechamente vinculadas a ellos, también suelen verse en los traumas producidos por proyectiles de arma de fuego, generalmente a través del vendaje podemos observar un sangramiento profuso.

 

 

Hemorragia subaracnoidea traumática.

 

Esta se asocia, por lo general a una contusión cerebral, el líquido cefalorraquídeo es hemorrágico y se extiende por la superficie del cerebro y el espacio subaracnoideo de la base.

 

En las formas ligeras o leves, la reacción meningítica por la sangre, produce cefalea, irritabilidad, rigidez de nuca, fotofobia y fiebre.

 

Las formas graves evolucionan con trastornos de la conciencia que pueden llegar al coma con pérdida de los reflejos y dificultades respiratorias. Este cuadro suele originar confusiones diagnósticas con otros procesos, y producir errores en el tratamiento.

 

La punción lumbar nos ayuda a esclarecer el diagnóstico, pero debe ser realizada con mucho cuidado con el paciente acostado y después de haber descartado la posible existencia de una lesión con efecto de masa por tomografía axial computerizada (TAC).

 

En nuestra experiencia la hemorragia subaracnoidea traumática la hemos visto muy asociada a traumas occipitales acompañados de fracturas.

 

 

Los hematomas intracraneales postraumáticos.

 

Estos ocurren con una frecuencia entre un 8 y un 10% de todos los pacientes con trauma craneoencefálico. Se clasifican según su localización anatómica en hematomas epidurales, subdurales e intraparenquimatosos.

 

 

El hematoma epidural (HED).

 

Es una lesión del adulto joven y ocurre siempre de forma unilateral. Se ve asociado a una fractura lineal, hay tres aspectos que lo caracterizan: la constancia de la fractura, la relación de dependencia entre el vaso responsable del sangramiento y el trazo de fractura y la superposición de la fractura sobre el hematoma.

 

Algo característico de los pacientes con hematomas intracraneales es el llamado fenómeno o tríada de Cushing que se caracteriza por bradicardia o taquicardia, elevación de la tensión arterial y enlentecimiento respiratorio o bradipnea, producto de la compresión cerebral, en esta como ya se explico anteriormente el signo más importante es la degradación progresiva de la conciencia.

 

El cuadro clásico del hematoma epidural consiste en primer lugar en un corto periodo de inconsciencia, seguido de un intervalo lucido, para continuar con un retorno a la inconsciencia, el cual puede ser de forma brusca y la aparición de signos focales.

 

Los signos más tempranos son la parálisis completa del tercer par craneal y el deterioro rápido de la conciencia.

 

El intervalo lucido es un periodo de alerta entre el trauma inicial y el coma secundario. Este lapso siempre sugiere la existencia de una hemorragia intracraneal y la más comúnmente vista es el hematoma epidural, sin embargo muchos plantean que dicha característica no es patognomónica o exclusiva de este, y su duración depende de la rapidez con que se expande el coágulo, que puede ser en minutos, horas o días. Si el curso del sangramiento es arterial el intervalo puede ser corto de 6 a 8 horas, mientras que si dura varios días está asociado a un sangramiento venoso.

 

Los signos motores pueden ser homolaterales o contralaterales en dependencia de la presión del pedúnculo en el borde libre de la tienda del cerebelo.


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