Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Decima Parte
Autor: Dr. Alberto Ochoa Govin | Publicado:  10/09/2009 | Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. , Neurologia , Neurocirugia | |
Traumatismo encefalocraneano. Manual de consulta. Decima Parte.18

Tabla número 36. Epilepsia postraumática en la guerra. (Meirqwsky).

 

Guerra                                     Porciento (%).

 

Primera Guerra Mundial             32

Segunda Guerra Mundial           34

Vietnam                                   30

Corea                                      33

 

En los heridos encefalocraneanos de guerra, las estructuras ner­viosas lesionadas que contribuyen significativamente a la epilepsia, en orden de frecuencia son: sustancia blanca temporal izquierda, sus­tancia gris del vértex derecho, sustancia gris de la convexidad iz­quierda, sustancia blanca frontal derecha, corona radiante derecha.

 

La epilepsia per se no es responsable en la mayoría de los convalecientes de los defectos cognoscitivos y de la conducta, aunque en general estos lesionados están más deprimidos y menos ajustados socialmente.

 

Las drogas más frecuentemente utilizadas en el tratamiento de la epilepsia son la difenilhidantoína o fenitoína y el fenobarbital, en dosis divididas en 100 miligramos cada 6 u 8 horas. La desventaja del fenobarbital es que enmascara las complicaciones postoperatorias. En casos con crisis del lóbulo temporal se utiliza la carbamazepina (tegretol) de 200 miligramos.

 

No está demostrado que la administración temprana de fenitoína disminuya la ocurrencia de crisis en la primera semana después del traumatismo craneoencefálico. Por otra parte, si es necesario utilizar dexametasona para combatir el edema cerebral, no se debe emplear la difenilhidantoína que se sabe interfiere la efec­tividad de dicho corticoide.

 

El hecho de que no hubo una disminución significativa de crisis epilépticas postraumáticas en los heridos de la guerra de Vietnam puso en duda, en opinión de A. M. Meirowsky, la efectividad del tratamiento profiláctico con anticonvulsivantes. Estos sólo deben indicarse en casos en que aparezcan ataques convulsivos.

 

Hemiplejía.

 

En 189 hemipléjicos por heridas penetrantes de cráneo, se­cuelas de la guerra de Vietnam, estudiados por M. A. Smutok, hubo recuperación completa o casi completa de la función mo­tora en el 55% de los casos. Los hallazgos clínicos significativa­mente asociados con la no recuperación fueron: pérdida de la sen­sibilidad, trastornos mentales orgánicos, electroencefalograma (EEG) anormal, crisis parciales simples y signo de Babinski al inicio. En la tomografía axial computerizada (TAC): gran pérdida de volumen cerebral total y afectación de la corteza sensitiva motora, el área motora suplementaria, la corteza posterior del lóbulo tem­poral, el brazo posterior de la cápsula interna, la corona radiada, el núcleo lenticular, el tálamo y el núcleo caudado.

 

Predicen la posibilidad de recuperación, en orden de frecuencia, las lesiones en: el vértex o porción medial de la corteza sensitivo motora (T AC) la corona radiada central y el cuerpo del núcleo caudado (T AC), el signo de Babinski, y la pérdida de la sensibilidad.

 

La comparación de la evolución de los trastornos motores de las heridas penetrantes cerebrocraneales de guerra, con otros grupos de traumatismos encefalocraneanos en civiles, ha mostrado una in­ferior incidencia de incapacidad para la deambulación, ataxia y hemiplejía en los primeros.

 

 

TRAUMATISMO ENCEFALOCRANEANO PEDIÁTRICO.

 

Los traumatismos encefalocraneanos en niños son frecuentes durante su crecimiento y desarrollo, cuando participan en juegos, deportes de contactos y en el propio quehacer diario de sus diferentes etapas pre-escolar y escolar. En la mayoría de los casos el daño del sistema nervioso es insignificante, pero a veces puede ocurrir una la lesión primaria encefálica o se inician lesiones que se­cundariamente afectan dicho sistema. Son inevitables las lesiones primarias, pero sí es posible prevenir las lesiones secundarias. El aconteci­miento secundario complica el daño primario o inicia una lesión que puede tornarse irreversible o letal si no se interviene oportunamente sin pérdi­da de tiempo. El médico debe conocer las diversas consecuencias del traumatismo encefalocraneal (TEC) en la infancia, los mecanismos fisiopatológicos más frecuentes en los niños, sus formas características, los recursos necesarios y disponibles para el diagnóstico y el tratamiento oportuno o de emergencia.

 

En muchos países desarrollados y en vías de desarrollo los traumas representan la tercera parte de las hospitalizaciones en hospitales pediátri­cos y la mitad de ellos han tenido un traumatismo de cráneo. 1 de cada 10 niños sufren un traumatismo en la edad escolar y la tercera parte de ellos requiere hospitalización.

 

Existen algunas diferencias anatomofisiológicas en la respuesta al traumatis­mo entre los adultos y los menores. El niño de muy corta edad tiene abiertas las fontanelas y las suturas, su espacio subaracnoideo y sus cisternas son grandes; el espacio extracelular del encéfalo también es más grande. Todos estos elementos estructurales permiten que el niño tole­re mejor que el adulto toda masa o lesión ocupativa de espacio intracraneal que se expanda con rapidez. Estas características provocan que los signos y síntomas neu­rológicos se retarden o aparezcan más tarde, cuando ya será más difícil algún proceder terapéutico o el médico se halla con­fiado de un falso estado de estabilidad neurológica. Hay que tener presente que todo paciente pediátrico que llegue a cualquier centro médico asistencial con la historia o el antecedente de traumatismo encefalocraneano­, se debe atender de forma integral, percatándose de la existencia o no de lesiones asociadas; es necesario el concurso de otras especialidades afines (cirugía ge­neral, ortopedia) siempre descartaremos patologías que demanden atención de urgencia, como hemorragias externas o internas con o sin rupturas de vísceras o un compromiso respiratorio importante.

 

Los criterios de hospitalización de un niño con traumatismo encefalocraneano son:

 

1.     Inconsciencia prolongada.

2.     Fractura de cráneo, bóveda o base.

3.     Irritabilidad mantenida.

4.     Somnolencia o letargo mantenido o no acostumbrado.

5.     Vómitos presentes.

6.     Ataxia postraumática.

7.     Cualquier compromiso de pares craneales o vías largas, inde­pendiente del estado de conciencia.


Revista Electrónica de PortalesMedicos.com. ISSN 1886-8924

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